Internacional
Por
Agencias
Publicado el martes, 23 de agosto del 2016 a las 14:05
McAllen, Texas.- Francisca Guevara tiene 6 meses de edad y lleva cinco viajando en brazos de su madre. Juntas salieron de Copán, Honduras, y caminaron hasta cruzar el Río Grande, entre Tamaulipas y Texas, el pasado miércoles por la tarde. La bebé tiene rozaduras rojas por el cuello y la espalda que, según su madre, Lilia Guevara, son por el calor y la humedad. Coincidieron en el río con otras 22 personas, 10 de ellas niños. Cruzaron en una lancha y la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos los detectó antes de que salieran de la orilla. Los agentes estaban aún tomándoles los datos cuando apareció otro grupo de más de 20 personas, la mitad niños. Una madre se desmayó delante de los agentes porque llevaba 2 días sin comer. El día anterior, por el mismo sitio habían pasado 200 inmigrantes. Así es un día normal en el sur de Texas.
“A esto no le llamo aprehensiones, lo llamo rescates”, dijo Manuel Padilla, jefe de la Policía de fronteras del sector de Río Grande, se refiere así a estas personas. No como una amenaza para la seguridad del país, sino como una emergencia humanitaria que hay que atender. Ellos son el mayor desafío que enfrenta la frontera de Estados Unidos con México, según los encargados de vigilarla.
El candidato republicano a la Casa Blanca, Donald Trump, ha construido una campaña de la nada con el discurso de que la frontera sur está fuera de control y hace falta un muro para contener una avalancha de criminales (“traen drogas, traen crimen, son violadores” dijo en sus primeros 10 minutos de campaña). Va a construir un muro, asegura, que sellará la frontera con México. Mandos y agentes de la Patrulla Fronteriza tienen un cuidado exquisito de no hacer comentarios políticos. Pero muestran cómo en la frontera ya hay muros en las zonas urbanas por las que se podría pasar andando, tecnología militar de vigilancia en el resto y más de 17 mil agentes sobre el terreno. El mayor desafío al que se enfrentan es gestionar la llegada de estas familias desesperadas, y hasta eso, insisten, está bajo control.
SALÃAN DE LOS ARBUSTOS
En 2014 fueron detenidos 63 mil niños solos en la frontera, 46 mil de ellos en el sector de Río Grande. McAllen se convirtió en la zona cero de la inmigración irregular en Estados Unidos y en el foco de un fenómeno nuevo para el que no había protocolos ni infraestructura. El agente Isaac Villegas recuerda, por ejemplo, un día que estaba patrullando en el condado de Hidalgo, Texas, y de pronto empezaron a salir niños de los arbustos. Un grupo de 26. “Parecía una guardería. Iban apareciendo niños, se me agarraban a la pierna. Llevaban números de teléfono escritos en la piel, papeles con información metidos en los pañales”. Así fue todos los días durante un año en lo que se conoció como la crisis de los menores. El presupuesto para Aduanas y Fronteras es de 13 mil millones de dólares al año, pero nadie había previsto un sistema de atención humanitaria. Sórdidos centros de detención que deberían estar llenos de contrabandistas se llenaron de madres y niños.
Al año siguiente, los “rescates” de menores bajaron a la mitad. Pero este año ha vuelto a subir. En lo que va de año, sólo en Río Grande, ha habido 156 mil detenciones, el 44% familias o menores solos. Faltan dos meses para cerrar el año y el total de detenciones en toda la frontera sur es de 332 mil personas, más que todo el año pasado.
UNA BARRERA NO DA SEGURIDAD
Los expertos en la frontera afirman que los muros ya están construidos allí donde son útiles, en las zonas urbanas, y sirven para frenar a personas, pero nada más.
Los narcotraficantes que preocupan a Donald Trump no se desaniman por un muro. En una frontera fortificada como la de California, la Border Patrol incautó de 100 toneladas de drogas en 2015. “Lo que detiene las drogas no son los muros, sino la información y la colaboración transfronteriza”, explica el jefe Padilla.
En Río Grande, las imágenes de los inmigrantes cruzando por miles transmiten sensación de porosidad y descontrol. Cruzar el río en lancha es relativamente fácil, pero toda la zona es una ratonera vigilada metro a metro.
Las familias centroamericanas desesperadas que cruzan no tienen ninguna intención de escapar. Ellos mismos llaman a veces al 911 para que los vaya a buscar. Quieren entrar en el sistema y pelear por el estatuto de refugiado.
LM

Notas Relacionadas
Hace 58 minutos
Hace 1 hora
Hace 1 hora
Más sobre esta sección Más en Internacional
Hace 1 hora
Hace 1 hora
Hace 7 horas
Hace 9 horas
Hace 10 horas
Hace 10 horas
Hace 12 horas
Hace 12 horas
Hace 12 horas
Hace 12 horas
Hace 12 horas
Hace 14 horas