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VIDEO: ‘Todas las mamás tenían a su bebé, y yo no’

  Por Agencias

Publicado el viernes, 16 de septiembre del 2016 a las 01:45


Mariana Medina llegó a Culiacán en busca de atención médica especializada

El Debate | Culiacán, Sinaloa.- Sábado 30 de mayo de 2015. A las 11:00 horas comenzaron los dolores de Mariana: Jesús Abel adelantó su llegada al mundo. Tenía 29 semanas de gestación, casi siete meses de embarazo.Un año después, los dolores de Mariana Medina Rodríguez persisten, pero ahora son en el alma. Aún tiene dudas. No conoce con claridad las causas que ocasionaron la muerte de su hijo.

La carcome el coraje y el resentimiento de una mala atención médica y condiciones insalubres, denuncia. Desde antes de nacer, el pronóstico para su nenito no era alentador: “€œ-¡Tu bebé ya viene, lo siento mucho!”€, le dijo la ginecóloga aquel día.

Esa fecha, que se suponía debía ser de dicha, se nubló, y entonces empezó a llorar: “€œAhí, pues ya me sentía yo sin ánimos de nada, prácticamente ya no sabía de la vida”€, confiesa Mariana con la misma emoción de entonces.Del rancho La Bebelama de San Pedro se trasladó a la cabecera municipal Navolato.

Fueron 20 minutos los que tardó en llegar al Hospital General de Subzona IMSS 4. Eran las 14:00 horas. La acompañaba su marido, Juan Rubén Ruiz, y su madre.

Allí, la ginecóloga la mandó de urgencia a Culiacán, pues ya presentaba dilatación y requería atención especializada que sólo en el Hospital Regional podría recibir. También la despidió con una frase fúnebre: “€œNo va a vivir porque no está desarrollado”€. Fueron 40 minutos eternos hacia Culiacán.

“€œMe mandaron en ambulancia e íbamos yo y mi esposo. Eran entre las 6 y 7 de la noche. Entre los dos decíamos que nuestro bebé iba a estar bien, que no iba a pasar nada, que Dios nos iba a cuidar a los tres, que íbamos a estar juntos”€, narra.

Al llegar al Hospital 1 del IMSS, una enfermera le informó que el parto sería natural, lo que Mariana cuestionó, pues sentía que no podía ser de esa manera debido a que el niño no estaba en las condiciones para nacer así. Le realizaron un ultrasonido que confirmó que Jesús Abel venía atravesado.

“€œUno de los doctores me escuchó y dijo que iba yo de emergencia, que iba a ser cesárea, y entonces me durmieron toda. Prácticamente el nacimiento de mi bebé me lo perdí, no supe cómo nació, cómo estuvo”€, lamenta Mariana.

Eran las 21:16 horas. Entre dormida y despierta, preguntó por el recién nacido.
Las palabras del anestesiólogo fueron alentadoras: “€œMe dijo que no me preocupara, que había nacido sano, que había nacido bien y que había llorado.

Ahí dije: “€˜-¡Mi bebé está bien, teniendo cuidados él va a estar bien!”€™”€, recuerda. Silencio. Intenta no llorar más. Mira hacia arriba como buscando respuestas.

El bebé pesó un kilo 400 gramos y tuvo una talla de 37 centímetros. Fragilidad. Lo médicos también le indicaron que el nene estaba propenso a cualquier infección en los pulmones porque no se habían desarrollado aún; sin embargo, a pesar de su prematurez, el pequeño respiraba por sí solo.

“€œMi bebé era un niño grande”€, comenta.

Cuando lo conoció, estaba en una incubadora. Un guerrero luchando por su vida: “€œSentí una alegría de que yo había tenido el bebé más lindo, pero más triste me sentía de que todas las mamás tenían a su bebé y yo no”€, platica la joven.

Mariana Medina nos recibe en su casa. Se escuchan gallos y se ven sembradíos a lo lejos. Está sentada sobre su cama. En sus manos atesora una fotografía del rostro de su bebito, la única que tiene de él. La mantiene sobre un buró al lado, en un pequeño altar que ha hecho en su recuerdo. Le prende una veladora que tiene la imagen del Sagrado Corazón de Jesús.

Allí están un carrito azul -el primer regalo de la abuela materna-, un elefantito y un oso de peluche, juguetes que son un tesoro invaluable.

Se traslada al domingo 31 de mayo. Ese día, Mariana insistió en ver a su niño. Recuerda que uno de los doctores le advirtió que no iba a vivir.

“€œMe sentía muy devastada”€, comenta.

El médico le indicó que no podía ver al bebé hasta que los doctores de la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales le llevaran información, lo cual no sucedió: ese día no pudo verlo. Denuncia malos tratos, falta de higiene y atención durante su estadía en el Seguro. La bata que le dieron la usó durante dos días. “€œMe bañé y aún así estuve con la bata, y me volví a bañar y querían que esa bata también la tuviera otra vez”€.

Platica que su madre solicitó una bata limpia para que pudiera entrar a ver a su niño en Cuidados Intensivos. Las palabras de la enfermera fueron claras:
“€œLe dijo que si yo lo ocupaba, que mi mamá me la lavara, que ella no tenía”€.

Otra compañera que se encontraba internada la ayudó: “€œMe prestó la suya, la había usado como almohada y esa me puse; era la más limpia. La mía tenía restos de sangre del mismo parto. Aun así no me la quisieron dar”€, dice. El asunto de la ropa para las personas internadas como ella era muy importante porque de eso dependía si podría entrar a ver o no a su hijito.

Explica que las mismas sábanas las tuvo los días que estuvo internada. Cuando solicitó a las enfermeras que le retiraran las vendas que le colocaron en las piernas al parir, obtuvo la misma respuesta:

“€œA mi mamá le dijeron que si quería, que ella me las quitara”€, dice indignada, y cuestiona: “€œ-¿por qué? Es trabajo de ellas. Supuestamente el seguro les está pagando”€.

El lunes 1 de junio, Mariana acudió muy emocionada en silla de ruedas al cunero de Cuidados Intensivos con la esperanza de por fin ver a su chiquito; su esposo la acompañaba. La habían llamado, y en ese momento no se percató de que no era hora de visita y que estaban a punto de recibir la peor noticia. Jesús Abel llevaba ya más de 36 horas en esa zona restringida, donde se suponía debían ingresar con un alto protocolo de seguridad e higiene. “€œMe bañé porque dijeron que era un área donde yo tenía que entrar muy limpia.

Cuando nos meten, la pediatra nos dice que quiere hablar con nosotros, y nos dice: “€˜Es que quiero decirles que su bebé no pudo resistir, era muy chiquito”€™.

Cuando oí “€˜muy chiquito”€™, pensé “€˜ya mi bebé se muri󔀙, y me dice: “€˜El bebé sufrió una hemorragia pulmonar, eso se debió a una infección”€™. No me dijo qué infección, no me dijo nada, y que nuestro bebé había fallecido, que el medicamento que le habían puesto no le había funcionado, que lo había alterado y que también fue una de las causas de la hemorragia. Les dije que por qué a mí no me habían dicho nada, si mi bebé se había puesto grave, por qué no me dijeron nada”€. Mariana pasa de la desesperación a la tristeza y al desconcierto.

Las sospechas y la desinformación no permiten sanar la herida. Jesús Abel había muerto a las 10:45 horas. La enfermera le pidió que pasara a ver su cuerpo.

“€œ-¿Ahora sí quieren que vaya y vea a mi bebé?, -¿Ahora sí quieren que lo vea ya que había fallecido?, -¿ahora sí me tuvieron consideración?”€, Repetía fuera de sí.

Las causas de muerte indicadas en el certificado de defunción de Jesús Abel Ruiz Medina son: hemorragia pulmonar, prematurez extrema y sepsis temprana neonatal.

Palabras huecas para sus padres y muchas interrogantes. “€œMi esposo entró a verlo y se dio cuenta de que con mi niño, con mi bebé habían practicado no sé si una cirugía, no sé realmente lo que le hicieron porque no me cabe en la cabeza por qué le hicieron esas cirugías sin que yo, mi esposo, mi familia hubiéramos dado una autorización”€, revela.

La luz entra por la ventana del cuarto y se ilumina su rostro. Mucho tiempo después de su deceso, Mariana se enteró de estas cirugías. Su marido le confesó que parecían mal hechas. Le dijo que se veía que sólo le habían puesto el hilo y lo habían enredado nada más: “€œLas marcas estaban en el tórax, en los dos costados se veían los hilitos, se veía esa parte amarrada aquí como un huequito”€, dice.

UN ADIÁ“S QUE NO OCURRIÁ“

La familia Ruiz Medina demandó penalmente al Hospital Regional 1 del IMSS el 29 de septiembre ante la Procuraduría General de Justicia del Estado. El 16 de octubre de 2015, la PGR atrajo el caso. Aun con las explicaciones médicas que señalan que la causa de muerte estuvo relacionada con su prematurez, la familia no lo cree. Dudan sobre la atención que recibió el menor, denuncian fallas graves en la higiene, además de falta de información sobre su estado de salud y los procedimientos médicos que le fueron practicados sin antes considerarlos.

Tienen la sospecha de que su frágil cuerpo estuvo expuesto ante la supuesta propagación de una bacteria hospitalaria fuera de control en el área de cuneros, lo que podría haber desencadenado la sepsis y provocado el fallecimiento de otros recién nacidos que también demandaron al Seguro. “€œEstaba en la misma área en donde había más niños, y el mío ya había fallecido, aun así ahí lo tenían. Si sufrió una infección como la sepsis, fuera para que ya lo hubieran sacado de ahí aun después de haber fallecido, y no fue así, y en ese mismo día había otros papás desconsolados que también se les habían muerto los bebés”€, comparte Mariana.

“€œNo tuve el valor de ver a mi bebé muerto, no lo tuve, no lo tuve y me arrepiento de no haberme despedido de él”€.

Es un pensamiento constante en la vida de la joven madre, un dolor que no se va. Fue hasta el 25 de febrero de 2016 cuando acudió a presenciar la exhumación del cuerpo de Jesús Abel. Hasta ese momento Mariana sintió que pudo despedirse de él.

Meses después de la muerte de Jesús Abel, una revisión de la Comisión Federal contra Riesgos Sanitarios revelaría y lanzaría una alerta sanitaria por las muertes de 10 neonatos en tan sólo dos semanas críticas en el mes de septiembre.

Un acta del 24 de septiembre de 2015 de la Cofepris alertaba sobre el riesgo potencial de contaminación en el área de cuneros del hospital del IMSS ante la falta de limpieza de ropa de cama, pacientes y personal de salud, aunado a diversas áreas sucias del hospital y la falta de protocolos de limpieza que se traducía en un riesgo potencial de contaminación para los pacientes más débiles, como los bebés prematuros.

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