Nacional
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Agencias
Publicado el lunes, 24 de octubre del 2016 a las 09:00
Nogales.- Después de cuatro días perdidos en el desierto de Sonora, Rodrigo y José son hallados por patrulleros fronterizos estadounidenses y deportados a México. Pero no se rinden, advierten que pronto intentarán cruzar de nuevo.
Rodrigo tiene 19 años y José apenas 17, no quisieron dar su apellido. Ahora ven desde el albergue El Comedor, en la ciudad de Nogales, que se extiende de un lado y otro de la frontera, el paso a Estados Unidos y su promesa de un futuro mejor.
“Mañana nos regresamos a casa en Oaxaca (sur de México) y le diremos a nuestra mamá que fracasamos”, dijo José. “Pero no nos rendiremos, volveremos a intentar cruzar”, añadió sereno, como si fuera una cosa cotidiana.
El albergue –donde habían otros 60 deportados de México, Honduras, El Salvador y Guatemala– es administrado por la Iniciativa Kino para la Frontera (KBI, por sus siglas en inglés), una organización religiosa de caridad que les ofrece no sólo comida, ropa y asesoría legal, sino también una buena dosis de apoyo moral.
Estados Unidos ha reforzado la seguridad en su frontera obligando a los migrantes a intentar cruzar en áreas más remotas controladas por los carteles, explicaron Carroll y otras personas que trabajan de cerca con migrantes.
Y por qué no inmigran legalmente, la respuesta es simple: no es una opción para la gran mayoría.
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