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Agencias
Publicado el jueves, 22 de diciembre del 2016 a las 22:30
El Debate | Ciudad de México.- Por décadas, estas mujeres se dedicaron a la prostitución en algunas calles de la hoy conocida como CdMx, calles como la Merced, Granaditas, Loreto, Tepito y Soledad, fueron testigos de mujeres que trabajaron de la vida galante y hoy ya son mujeres de la tercera edad.
Ante la falta de trabajo y oportunidades, estas mujeres habitan la Casa Xochiquetzal, la cual es el primer asilo dedicado a las sexoservidoras, que tras el envejecimiento y deterioro físico, les llega la hora de la jubilación. Antes de llegar a este refugio, estas mujeres habitaban en la calle, por el rechazo de su familia.
En sus años de trabajo, vivieron al día, y nunca pensaron en su vejez por lo que hoy en día no tienen una pensión para poder mantenerse.
En su historia hay maltratos, orfandad y violaciones, pero también amor de madre, que les hizo salir adelante para mantener a sus hijos, aunque ahora éstos las dejen en el desamparo y sean acogidas, desde el 11 de febrero de 2006, en Xochiquetzal, una antigua casona en la colonia Centro Oriente, cerca de Tepito y la Merced, en la Ciudad de México.
“Lo que me impacta en general de todas es que tienen historias muy fuertes, y han vivido cosas complicadas, pero no se victimizan; en todo momento son muy positivas. Son como sobrevivientes, siempre les pasa algo, pero al final se levantan”, expresa la fotógrafa francesa Bénédicte Desrus, quien junto a Celia Gómez Ramos, periodista mexicana, son autoras del libro ‘Las amorosas más bravas’, un ejemplar que cuenta las historias de estas mujeres. “Además de enfrentarse a esos recuerdos, estas damas, cuya edad va de los 54 hasta los 87 años, también se enfrentan a los padecimientos de la vejez, como esquizofrenia y depresión; otras tienen diabetes, sobrepeso, insuficiencia cardiaca, y enfermedades psicológicas, me imagino que por lo que han vivido”, compartió Celia Gómez, quien durante dos años entrevistó a las residentes del hogar.
EL APOYO
Las 25 habitantes de la Casa Xochiquetzal reciben atención médica y psicológica, pero también acuden a talleres. Muchas llegaron a los 82 u 86 años, les da mucha paz saber que no van a morir solas o en la calle, que les van a hacer un funeral, que no las van a llevar a la fosa común.
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