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Drámatica historia de mujer secuestrada por las FARC

  Por Agencias

Publicado el martes, 12 de diciembre del 2017 a las 13:18


En diálogo con el periódico El Mundo de España, Vanessa contó cómo fueron esos duros años, que le dejaron heridas abiertas

Colombia.- La historia de vida de Vanessa García es terrible. Con tan solo nueve años, ingresó a las FARC; y hoy, con 23, se anima a denunciar que fue víctima de abusos sexuales por parte de altos mandos de la guerrilla colombiana. “El comandante me violó a los 11 años y me obligó a abortar tres veces”, narró.

En diálogo con el periódico El Mundo de España, Vanessa contó cómo fueron esos duros años, que le dejaron heridas abiertas y recuerdos horrorosos.

“Entonces me dijo que ‘si no quiere por las buenas, quiere por las malas pero usted tiene que estar conmigo primero antes de estar con otro hombre’. Me dijo: ‘Tu no has estado con otro hombre, ¿no es cierto?’. Me puse a llorar y a llorar y eso fue horrible. Y ahí pasó lo que tenía que pasar”, relata.

Y sigue: “Todo empezó cuando quedé embarazada, que ya me llevaban por el campamento. Yo lo enfrenté y le pedí que me dejara tener un hijo, que lo quería tener. ‘Tu sabes que a las FARC no viniste a parir hijos, tu sabes los reglamentos. Si no los conoces estúdialos’, me dijo. Me puse a llorar, le supliqué, le dije que yo lo quería tener, que por favor entendiera que yo quería ser mamá”.

Durante seis meses conservó el feto de su hijo en un frasco con alcohol. Lo mantuvo escondido y le gustaba conversar con él por las noches. “Cuando estaba sola lo miraba, le decía lo triste y lo mal que me sentía por haberle perdido, le decía muchas cosas, qué sería si ya hubiera nacido. Mi ilusión era tenerlo y no me dejaron, y así muerto lo quería tener. Ellos nunca se dieron cuenta. Solamente lo veía yo”, recordó Vanessa.

“En un combate lo perdí, fue mejor porque me quité ese dolor de encima de verlo todos los días, pero era un consuelo a la vez. Yo sé que desde el cielo me cuida”.

Hace dos años, antes de la firma del proceso de paz con el Gobierno, decidió jugarse la vida y escapar. Este mes se incorporó a la Corporación Rosa Blanca, que contiene a ex guerrilleras víctimas de abusos sexuales y abortos forzados y está decidida a denunciar a un poderoso comandante de las FARC que cometió tales atrocidades.

Vanessa, alias “Edna” en la guerrilla, quedó tres veces encinta y, pese a que los dos primeros embarazos fueron producto de sendas violaciones, siempre quiso ser madre y nunca pudo. Su jefe la obligó a abortar.

Ese mismo superior, Oscar Montero, alias “El Paisa”, comandante de la columna Teófilo Forero y cerebro del atentado al club El Nogal, fue el primero en violarla. El segundo, otro mando, alias “Edwin”. Este martes relatará su caso ante el Senado.

“Cuando tenía 11 años, ‘El Paisa’ un día me tocó la cola, yo me puse brava y le dije que me respetara. Me tomó a las malas, me dio un beso y ahí empezó todo”, expresó en el diálogo con El Mundo. “Otro día, que se quedó solo conmigo, empezó a morbosearme, a decirme cosas horribles”.

Vanessa asistía al colegio de Balsillas, al sur de Colombia, el día que apareció un grupo de guerrilleros reclutando menores de edad. A sus nueve años, se unió al grupo de escolares que marcharon ilusionados monte adentro.

Durante tres años, contó que no tuvieron contacto con el mundo exterior.

“Al comienzo lloré mucho, era muy consentida en la casa. Le dije a un comandante que me iba a ir para la casa. Y me dijo que no podía, no tenía vuelta atrás, y si insistía, me darían caldo de pistola. Yo no entendía lo que eso significaba”.

Al poco tiempo descubrió qué quería decir esa frase cuando un niño intentó fugarse y los comandantes dirigieron una intensa cacería hasta localizarlo. Lo mataron lanzándole una granada.

“Llevaron más niños a esa operación para que miraran que las cosas eran en serio. Llegaron muy asustados y nos contaron. Todos quedamos muertos del susto. Yo dije: ‘nunca digo que me vuelvo a ir'”.

“Solo Dios sabe lo que a uno le ha tocado vivir. Son cosas tan horribles que uno a ratos pensaba, si existiera Dios, ¿por qué no me ayuda? Uno se siente impotente, horrible”.

El asesinato de su padre, cuyo cadáver ella misma descubrió, sepultó por unos años las ansias de escapar. Tenía 16 y su progenitor intentó ayudarla a fugarse. La guerrilla adivinó sus planes y lo mataron. Vanessa vio el cadáver destrozado y solo cuando se desmovilizó y recibió ayuda psicológica, pudo empezar a sobrellevar la tragedia.

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