Internacional
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Notimex
Publicado el miércoles, 21 de enero del 2009 a las 03:34
Washington, EU.- Bajo la gritería de más de un millón de estadounidenses, que entonaron un ensordecedor “Sí, se puede”, Barack Obama se convirtió en el primer presidente afroamericano de Estados Unidos, pese a un retraso y un tropiezo en la juramentación.
“Sí, se puede, sí, se puede, sí se puede”, coreó la multitud que inundó las escalinatas del Capitolio y festejó la histórica asunción de Obama como el presidente número 44 de Estados Unidos, bajo un cielo despejado y un frío intenso.
Era el momento más esperado para millones de estadunidenses, en especial para ciudadanos de origen afroamericano, que desafiaron el frío y la oscuridad para ser testigos en primera fila de un acto histórico.
“Nunca creí ver esto en mi vida”, dijo a Notimex William Page, un inspector retirado de 73 años, quien llegó muy temprano al Capitolio junto con su esposa. “Será un presidente que sabe movilizar a la población”.
Medea Benjamin, una de las dos activistas del grupo antibélico Código Rosa, no ocultaba su optimismo. “No pudo haber un mejor resultado de los comicios del 4 de noviembre”, dijo. A pesar de ello llevó una manta en la que pidió a Obama sacar a los soldados de Irak.
Allí estaban también amigos de Obama del mundo del espectáculo como Oprah Winfrey, rodeada de un grupo de curiosos en busca de su autógrafo, y el rockero Bruce Springsteen. El alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, deambulaba entre los periodistas.
“La fiesta de la era Obama arrancó antes de despuntar el sol y se desbordó desde primeras horas de la madrugada al Mall”, la gigantesca explanada que comunica al Capitolio con el Obelisco a Washington y que fue sede de la juramentación.
El Mall estaba virtualmente copado de personas antes del amanecer, en medio de temperaturas por debajo del punto de congelación.
La marea humana abarrotó los puntos de seguridad alrededor de la avenida Pensilvania para acercarse a las inmediaciones del Capitolio.
El sistema de transporte colectivo de la ciudad de Washington fue desbordado por las multitudes.
Un río humano tuvo que recorrer a pie la distancia entre la Casa Blanca y el Capitolio en busca de acercarse a las inmediaciones del lugar de la ceremonia de juramentación.
Grupos de francotiradores del Servicio Secreto observaban desde las alturas de los edificios la movilización de los asistentes a la asunción de Obama, custodiada por unos ocho mil policías y elementos de la Guardia Nacional.
Para calmar el frío, la multitud ovacionaba a los invitados especiales. Los mayores aplausos se los llevó Colin Powell y la pareja de William y Hillary Clinton, aunque también hubo aplausos para el ahora ex presidente George W. Bush.
Cuando las imágenes de la caravana de Obama acercándose a la sede del Legislativo estadunidense aparecieron en pantallas gigantes de televisión, la multitud coreó “Obama, Obama, Obama”.
Llegó acompañado de los líderes del Congreso, de su esposa Michelle y de sus hijas Malia y Sasha, y la multitud rugió cuando su espigada figura apareció en el balcón trasero del Capitolio.
Y el momento largamente esperado por la comunidad afroestadunidense transcurría sin problemas hasta que el presidente de la Suprema Corte de Justicia, John Roberts, cambió el orden del texto oficial de juramentación, hecha sobre la Biblia usada por Abraham Lincoln.
Confundido, Obama inició la repetición, pero se detuvo al percatarse del error. Roberts corrigió el texto, pero cuando Obama lo intentó repetir, cometió el mismo error inicial de Roberts. Obama se volvió presidente con cinco minutos de retraso, poco después del mediodía.
Era la estrella del momento, toda vez que la gente empezó a abandonar la ceremonia después de la juramentación, a pesar de la intervención de la poetisa Elizabeth Alexander.
Después almorzarían en privado con los miembros del Congreso, a los que les pidió trabajar juntos en los próximos años. Durante la comida, el veterano senador demócrata Edward Kennedy sufrió una convulsión y fue trasladado a un hospital.
Más tarde, Obama presidió el magno desfile inaugural por la histórica avenida Pensilvania, y fiel a su inclinación por estar en contacto con la gente, hizo una larga caminata acompañado de su esposa Michelle y de un fuerte dispositivo de seguridad.
No hubo despedida formal para el ahora ex presidente George W. Bush, quien viajó de regreso a Texas en el Jumbo 747 que se convertirá en el Air Force One una vez que empiece a ser utilizado por Obama.
Por la noche, Obama tiene previsto participar en al menos tres de las 10 “galas” oficiales del Comité Inaugural siguiendo la tradición de bailar una pieza musical con su esposa para coronar la histórica jornada.
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