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Publicado el miércoles, 21 de diciembre del 2016 a las 10:08
Saltillo, Coahuila.- Hace cuatro años, acostado dentro de una caja de plástico donde transportan los refrescos, Fernando llegó a la primaria. Había vivido cinco años de su vida encerrado en su casa porque sus padres, que ignoraban lo que pasaba con su hijo, lo ocultaron de la gente.
Fernando no habla ni ha logrado un desarrollo intelectual como los otros niños de su edad; no podía caminar, ahora lo hace con dificultad. “Lo ha logrado solo, nadie nos ha apoyado”, dice su maestra Eduviges, quien le enseñó a andar. Fernando no ha sido diagnosticado, nunca ha recibido atención médica en forma porque su hogar se encuentra a una hora de Saltillo.
En su silla de ruedas rota, con llantas que ya perdieron la forma, tela desgarrada y sucia se desliza por la cancha de su escuela. Sonríe con tan pocos motivos que contagia. La felicidad en su cara es inexplicable, “es un niño que ha sufrido tanto” y que tiene en su rostro el castigo físico de un síndrome que ni su familia ni su maestra conocen.
Los padres de Fernando se dedican al campo en una tierra moribunda que ha dejado de dar sus productos más valiosos y que ahora sólo brota semillas como el sorgo, que se vende a precios miserables.
“Este niño necesita un médico, unos zapatos ortopédicos, una silla de ruedas nueva”, es de las almas más necesitadas de Saltillo: castigado por la pobreza, la ignorancia de sus padres, la lejanía de su hogar y una enfermedad que busca derrotarlo sin conseguirlo.
“Por favor, necesitamos ayuda, Fernando es un niño que necesita de todos”. Esta Navidad es la época de dar a quienes necesitan, Fernando necesita que alguien cambie el panorama de su vida, que lo hagan sentir que no hay nada de que avergonzarse, y que lo atiendan para que tenga una mejor calidad de vida.
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