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Libran desigual lucha contra precipitaciones

  Por Paulina Y. Jiménez

Publicado el jueves, 10 de julio del 2008 a las 04:29


Ya estamos en temporada de lluvias, por las calles se ve gente correr, cubrirse del agua, meterse en sus autos.

Saltillo, Coah.- Ya estamos en temporada de lluvias, por las calles se ve gente correr, cubrirse del agua, meterse en sus autos, en sus casas. Las familias de los tejabanes, hasta dentro de sus hogares, tienen que buscar algún lugarcito para protegerse.

Y es que sus casas son hechas por cartón, maderas y láminas. Los techos, ya desgastados, tienen pequeños orificios, que hacen que también dentro de esos humildes hogares entre el agua, hagan lodo en sus pisos de tierra, mojen la ropa, las cobijas y las camas.

Leonor Alejandra López, de 33 años, tiene viviendo en Las Candelarias siete años, desde que se casó. Ahora tiene cuatro hijos; de uno, tres, seis y siete años. Su esposo se dedica a vender flores en los cruceros y con eso solventan los gastos de la casa, para dar alimento a sus hijos y un poco de cobijo.

“Pues sí pega la lluvia. Esta época se enferman mucho (sus hijos), más porque están pequeños (…) dentro de la casa cae también agua y moja las camas y la ropa, pero cuando hay un poco de sol, las sacamos para secarlas”, comentó la joven madre, quien cargaba en brazos a su hijo menor, José David.

Descalzos, incluso gateando, juegan con el lodo que provoca la lluvia, en su imaginación planean realizar un pastel, en el comedor improvisado que tienen con cajas de plástico. El mayor, Luis Manuel, de siete años, platicó cómo el agua “se mete por los agujeros”.

La puerta de su hogar tampoco puede protegerlo del viento y el agua intensa, ya que es una cortina, que al poco rato termina empapada, dejando entrar el viento frío.

Consciente de la situación en que vive, Leonor se preocupa no sólo por las inclemencias del clima, sino por en un futuro no tener siquiera el espacio de tierra cubierto por las maderas y el cartón, ya que los terrenos donde viven son irregulares.

“El Gobernador vino y dijo que nos iba ayudar, hace mucho tiempo, y sí lo hizo, no nos quitaron pero ahora otra vez nos están amenazando (…) y uno para dónde corre, no tenemos más que esto”, comentó preocupada.

Esperanzada en que sólo se quede en una amenaza, no le preocupa que las lluvias hagan del piso de su casa lodo, ni que el lugar donde duerman sus hijos esté mojado, ni el terror de pasar los inviernos ahí. Aunque cubra un poco su “lugarcito”, es lo único que tiene al igual que otras familias vecinas, donde en su mayoría los niños son los que padecen del clima.

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