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Coahuila

Bach

Por Joel Almaguer

Hace 5 años

Muy temprano Bach abrió sus ojos en medio de su habitación y esbozó una ligera sonrisa cuando recordó que ese día no sería como cualquier otro. Era octubre de 1705 en Arnstadt y esa mañana comenzaba su viaje a Lübeck para conocer al músico y organista por excelencia, Dietrich Buxtehude.

Casi 400 kilómetros de camino lo esperaban. Después de tomar un desayuno frugal, el joven Johann Sebastian Bach se calzó sus zapatos, se puso su abrigo, tomó su pequeño saco de viaje, las partituras que esperaban ser leídas por el maestro de Lübeck, la vianda, algo de cerveza que llevaba para la comida y emprendió la fuga.

Tenía 20 años de edad, la fuerza y el ánimo suficientes para caminar durante 10 días hasta su meta. Bach tenía cuatro semanas de permiso para realizar el viaje, pero ya sabía que no serían suficientes para lograr su objetivo. Él quería, además de aprender todo lo posible del maestro de Lübeck, ser su amanuense, su asistente y luego, si todo salía como lo deseaba, convertirse en el sucesor de Buxtehude en la iglesia de Santa María.

Cada día Bach aprendía del maestro. Cuatro semanas se fueron convirtiendo en cinco y luego seis y al final muchas más. Johann Sebastian no dejaba de aprender. Su meta no era sencilla y dejó de ser una posibilidad porque había una condición que él no pudo aceptar: casarse con la hija de Dietrich. Acaso porque en esos momentos para Bach no había más compromiso que el suyo con la música o quizás porque la hija no era agraciada a sus ojos. Aún así, Bach no dejó que esto le impidiera aprender todo.

Mientras tanto, sus preceptores en Arnstadt comenzaban a inquietarse por la ausencia prolongada.

El trabajo esperaba a Bach y el enojo de quienes lo mantenían crecía día a día. A Bach no le importó ausentarse 16 semanas de su trabajo y pagar con pena su falta. Logró su objetivo de aprender todo del maestro Buxtehude y eso valía la pena, por mucho. Su arte musical demostró que no fue en vano la experiencia en Lübeck.

Al final, Arnstadt se vería recompensado con el arte de Bach, pero no por mucho tiempo. Ya que su genio lo llevaría, poco después, a Mühlhausen donde seguiría demostrando su genialidad y donde encontraría a María Bárbara Bach, con quien se casaría el 17 de octubre de 1707.

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