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Coahuila

De la cuarta transformación a la simple desintegración

Por Silvia Guadalupe Garza Galván

Hace 5 años

Queridas amigas y amigos, concluimos la semana con otra ocurrencia presidencial, de esas que comienzan como comentario y luego vemos avanzar como burdos atropellos, aunque –justo es decir– tampoco es novedad la animadversión del Presidente a las instituciones que le estorban, y de nueva cuenta, su exceso de confianza y su apuesta por la “buena fe” del pueblo mexicano lo llevan a imponer sus intereses por encima de los del pueblo de México.

A lo largo de estos dos años, hemos visto el abierto desprecio por las acciones para proteger al medio ambiente, y no solo eso, sino su abierta intención de desbaratar el esfuerzo de décadas de trabajo. Ni siquiera me refiero al trabajo de académicos e investigadores, sino de la sociedad en su conjunto, donde las y los mexicanos pudimos encontrarnos para discernir e identificar puntos de coincidencia para construir los marcos jurídicos y edificar nuestras instituciones. Esto no solo en materia de medio ambiente, se ha trabajado en materia de derechos humanos, o de telecomunicaciones, y qué decir en materia electoral y los avances para hacer de la democracia una realidad en nuestro país, lo mismo que en materia de energía, entre otros.

Por supuesto, también hay que decirlo, mientras el pueblo de México trabajaba hombro con hombro, construyéndose a sí mismo, y definitivamente no bajo las ideas de una sola persona, sino de los diversos sectores que componen a toda la sociedad –académicos, investigadores, políticos, funcionarios, sector privado, activistas, sociedad civil–, se buscaba el progreso y un mejor futuro para las generaciones venideras con acciones visibles, que constituyen hoy un legado plasmado en nuestro marco jurídico y en las instituciones –que por cierto, no son meros entes–.

La labor que se lleva a cabo en ellas, la realiza la gente de a pie, gente preparada que saca adelante los fines para las que fueron creadas. Mientras esto sucedía a lo largo de los últimos 30 años, hubo quien enfocó sus empeños personales en la construcción de su discurso, al que bautizó como cuarta transformación, siendo esa, su única aportación.

El trabajo titánico que todos –de una u otra forma– hemos llevado a cabo para tener un México de instituciones, conlleva también una formación cívica. Tan solo por eso, este país no, no es un pueblo de ignorantes, ni de “nacos” o “fifís” como los ha llamado el Presidente.

Ahora el titular del Ejecutivo, habiendo agotado el tema de la corrupción, que dicho sea de paso tampoco se ha resuelto ni se ha procesado a nadie bajo esa bandera –baste recordar al hermano incómodo–, se le hace fácil esbozarse otra de sus selectas frases, y dice que los órganos autónomos “son como tapaderas, organismos alcahuetes”, y para no dar tregua se lanza contra los intelectuales –según sus palabras– alcahuetes del régimen que lo justifican todo.

La gente –por mucho que no pueda creerlo el señor López Obrador– sabe que este es su régimen, y para no perder la costumbre, supone que su dicho, es suficiente para dar razón y justificación a una iniciativa con la que pretende desaparecer el Instituto Nacional de Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (Inai), la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece), el Instituto Federal de Telecomunicaciones o al Inegi.

El ensayo de transformación –que en todo caso se ha convertido en una auténtica desintegración– ha sido posible gracias a la falta de equilibrio entre los Poderes de la Unión.

Las mayorías absolutas en el Congreso no pueden resistirse a la tentación de ubicarse en la posición de lacayos, que lo primero que sirven es la tóxica semilla de la que germina la peor versión del presidencialismo.

Sin embargo, con la mayoría de Morena –sin ella o a pesar de ella– seguiremos dando la batalla para defender en todo aspecto el ejercicio de los derechos de las y los mexicanos.

Es por ello que he solicitado la integración de una Comisión Investigadora para esclarecer el megaapagón registrado el pasado 28 de diciembre, y por supuesto, rechazamos cualquier acción que intente vulnerar los órganos autónomos, que –le guste o no al Presidente– forman parte del Estado Mexicano y son un contrapeso fundamental de los Poderes de la Unión.

Les agradezco su lectura, nos volvemos a leer la próxima
semana.

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