Qué complicadas de entender las posturas que asumen los brazos operativos de la 4T; que complicado de entender la arrogancia con la que el director de la CFE, Manuel Bartlett, juega con el presente y futuro de miles de familias.
Qué difícil de aceptar que ante graves problemas económicos y sociales, la CFE responda como si se tratara de una empresa privada, y olvide lo que realmente es, una empresa de Estado que debe ponderar los contextos antes de tomar decisiones que golpean a regiones enteras.
La Carbonífera debe cambiar su vocación económica. Eso es un hecho, pero no puede hacerlo de la noche a la mañana. Se necesita tiempo, mucho tiempo y se necesita de inversión.
Pero el tema es que hoy, la región necesita con urgencia que la CFE reactive las compras de carbón. La población que de ello depende se encuentra en situación límite, ya no aguanta más.
Y ante esto, Manuel Bartlett responde que las bodegas están llenas y las carboeléctricas están paradas. Que no puede reactivar las compras. Entonces?
Qué es eso de ofrecer un mejoralito ante una enfermedad terminal. Qué es eso de que se habrá de revisar la posibilidad de un contrato emergente, que de concretarse, aterrizaría en mes y medio. Bueno, pues la Carbonífera no tiene mes y medio para recibir solo un paliativo.
Sí, de plano, qué difícil resulta entender las formas, los modos de los operadores de la 4T. Y no hay que olvidar que en este asunto el presente y futuro cercano de miles de familias es lo que está en riesgo.
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