Dicen nuestras autoridades, de los tres órdenes de Gobierno, que no hay que caer en pánico ante la llegada del mentado coronavirus.
Y tienen razón, el pánico, la histeria colectiva nunca ha resuelto un problema, y sí, en cambio, ha agravado algunos.
Pero siendo realistas hay razones para que la población se encuentre, por decir lo menos, inquieta.
Nuestro sistema de salud pública es un verdadero desastre. Falta de todo: infraestructura, médicos y enfermeras, medicamentos. Falta también seriedad, profesionalismo, ganas de hacer bien las cosas en un personal agotado, apático e insensible.
Y es que basta recorrer las clínicas y hospitales del IMSS o ISSSTE para constar el nivel de las carencias, del deterioro, tanto en la infraestructura como en el nivel mismo del servicio médico que se presta.
Bueno, pues con esto, con lo que hay, se deberá enfrentar la contingencia sanitaria que potencialmente desatará, aquí y en todos lados, el Covid-19.
Entonces, cómo no vamos a estar inquietos si nuestro sistema de salud pública es un verdadero desastre.
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