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Coahuila

Suelta. El. Maldito. Teléfono. Mientras. Manejas.

Por Redacción

Hace 6 años

Por: Guillermo Barquet

Vengo manejando en Colosio, de mi casa (casa de ustedes, nomás no sean gachos no la vaya a a vender) rumbo a MIRRHA, mi amada oficina, listo para mi primer paciente del día, bien desayunado y contento. Antes de llegar a Carranza, veo una camioneta gris en el carril de alta que empieza a zigzaguear. Se cruza para el carril del medio donde yo vengo y vuelve a meterse al carril de alta. Y cuando veo que lo vuelve hacer, bajo la velocidad para que me rebase y hacerle señas de que ponga atención. No me dió tiempo… Al bajar la velocidad veo que se acerca peligrosamente a mi auto, donde en ese preciso momento pasábamos por la última curva. La camioneta sigue su camino de forma recta pasando el carril de alta subiéndose al camellón y golpeando de frente una palmera. Fue un shock tremendo. Le marco a mi esposa para avisarle que pida ayuda mientras doy vuelta en U para regresar pensando lo peor. Gracias a Dios no venía a “alta velocidad” (vendríamos a unos 60 kilómetros por hora), y así el impacto fue dramático. No alcancé a decirle a mi esposa que pidiera ayuda, quien seguía al teléfono por el altavoz del automóvil. Me detengo a un lado de la camioneta y baja un muchacho de unos 20 años. Le pregunto si se encuentra bien, pensando en que pudo haber tenido un problema médico, y me contesta que no. El muchacho sigue temblando y en automático va y enciende la camioneta. Le hago señas para que la apague y lo hace. Le pregunto qué fue lo que pasó. Me contesta que alguien se le cerró y no tuvo tiempo de reaccionar. Le dije la verdad. “Yo vi todo por el espejo retrovisor. Venías distraído en el teléfono ¿Verdad? Contesta que no. En ese preciso momento llega la ayuda de la policía, y me retiro. Mi esposa continuaba en el teléfono. Y mientras manejaba en shock a la oficina, veníamos hablando de todos los posibles escenarios que pudieron suceder. ¿Y qué tal si no pegaba con la palmera y se seguía de frente a los carriles contrarios? ¿Y qué tal si hubiera continuado de frente y me hubiera pegado por detrás? ¿Y qué tal si hubiera venido acompañado y la otra persona sale lastimada? Pero ahora ¿Qué tal si hubiera venido con las dos manos en el volante? ¿Qué tal si no hubiera utilizado el teléfono? ¿Qué tal que hubiera llegado tranquilo y contento a su destino? Sólo pienso en los papás. Imagínate la culpa tan grande de haberle dado un automóvil a tu hijo por amor y para que no batalle, Y pase lo que pasó. Gracias a Dios no hubo heridos… Esta vez.

Manejar con el teléfono en la mano aunque sea escuchando audios o hablando por teléfono (y es realmente impactante ver a una persona con la vista hacia el teléfono en una mano y manejando con la otra), es suficiente para que nuestro cerebro se comporte como si estuviéramos alcoholizados.

Propongo ayudarnos entre nosotros mismos, antes de subirme al carro resolver lo que tenga que resolver, mandar los mensajes necesarios y en el momento en que me suba lo ponga en la bolsa de mi chamarra o en el asiento del copiloto o donde quiera que sea menos en las manos. Propongo hacernos señas de carro a carro para hacer conciencia de colgar o dejar el aparato de lado.

En serio, muy en serio. Si tú no aprecias tu vida continúa manejando con el teléfono en la mano. (Y hecho madre). Y ojalá que no se te cruce ninguna persona en tu camino. Dios quiera.

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