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Coahuila

EL CHILANGO –parte II-

Por Otto Schober

Hace 7 años

De Chilango como gentilicio, de Gabriel Zaíd, extractamos las siguientes ideas: “Cecilio Robelo, Francisco Santamaría, Andrés Henestrosa y Fernando Espejo, han especulado que uno o más de los apodos guacho, huache y chilango derivan del apodo guachinango, para definir al nativo de la Ciudad de México. De 1982 a 1991, se multiplican los registros de chilango, con Ramón García-Pelayo y Gross en el Pequeño Larousse ilustrado de 1982, Jorge Mejía Prieto en Así habla el mexicano. Diccionario básico de mexicanismos, María Ángeles Soler de la Cueva en Cancionero folklórico de México, Juan Palomar de Miguel en Diccionario de México. La situación cambia desde 1992, cuando la Academia autoriza el uso normal de chilango, en el Diccionario de la lengua española, en el Diccionario geográfico universal y la Ortografía de la lengua española. Ninguna de estas publicaciones da etimología, porque en realidad no se conoce, ni marca la palabra como despectiva, coloquial o familiar.

En la Ortografía, viene explícitamente como gentilicio. En el Pequeño Larousse ilustrado de 1996, ya no dice, como en 1982: “Nativo de la ciudad de México, especialmente de la clase baja”, sino “Que es originario de la ciudad de México”. Es decir: elimina lo peyorativo y lo considera un gentilicio normal. Luis Fernando Lara en el Diccionario del español usual de México, registra chilango como coloquial pero no como ofensivo. Este cambio refleja la realidad. Hacia 1980 llegó a su máximo el peso (político, económico, demográfico, social y cultural) de la ciudad de México sobre el resto del país.

También el resentimiento, que culminó en el racismo de aquella frase lamentable: “Haz patria, mata a un chilango”, porque la visión que tienen los habitantes del resto de la República, es que el chilango es agresivo, mal educado, irrespetuoso, racista, deshonesto y manipulador. Y en venganza, el autollamado Defeño, utiliza el término chilango para describir a un mexicano nacido en alguna otra entidad federativa del país o de alguna parte del mundo, que emigra al ex Distrito Federal hoy Ciudad de México, descripción denigrante porque suponen que luego regresan a sus lugares de origen y considerando que por el solo hecho de vivir en el Distrito Federal tienen mejores cualidades y conocimientos que los demás, lo que los hace despectivos hacia sus congéneres.

Desde entonces, la importancia relativa de la ciudad de México ha venido disminuyendo. Las crisis del poder central, la degradación de la ciudad, el desarrollo del resto del país y hasta la conciencia provocada por esa frase han matizado mucho los estereotipos. La palabra chilango empezó a neutralizarse, en un proceso reforzado por el hecho de que hace falta un gentilicio para la ciudad de México. La Academia tuvo razón al autorizar esta palabra, pero se equivocó al no poner un aviso de que el uso todavía no es normal. Quizá resulte una omisión profética, porque cada vez hay más chilangos contentos de tener, por fin, cómo llamarse”. (Extractos de “Chilango como gentilicio” de Gabriel Zaíd)

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