Coahuila
Por
Grupo Zócalo
Publicado el lunes, 22 de marzo del 2021 a las 17:04
Monclova, Coah-. En algunos puntos de Coahuila las noticias que llegaban sobre el avance de los Insurgentes causaban mucho temor entre sus pobladores, sobre todo entre aquellos que poseían riquezas, pues trataban a toda costa de protegerlas de posibles saqueos o decomisos para “la causa” del movimiento. De hecho uno de los propósitos de los líderes esta Revolución, era que una vez arribando a Monclova se formaría un Consejo de Guerra para juzgar algunos de sus integrantes por sus abusos, excesos y en general su “mal comportamiento”, pues aprovechaban la confusión y el desorden que en ocasiones se presentaba en algunas comunidades al paso del contingente, para cometer sus fechorías.
Tal es el caso del temor que tenían los frailes Ramón de la Loza, Manuel Anselmo de la Rivera Delgado y Francisco Múzquiz que con el apoyo de Esteban Díaz y otros arrieros, salieron de la Hacienda de Hornos el 26 de marzo de 1811 con un atajo de 75 mulas cargadas con abundante dinero en oro y plata que trataban de proteger y poner a buen resguardo, fuera del alcance de los Insurgentes. Este grupo de personas, hasta donde les era posible, apresuraban su marcha haciendo largas y exhaustivas jornadas para tratar de avanzar lo más rápido posible, pues tenían el temor latente de ser alcanzados por los “polvos” de los Insurgentes, sin embargo, pudieron enterarse posteriormente que los insurrectos ya habían sido sometidos en Baján el 21 de marzo y trasladados a Monclova por las fuerzas que encabezaba Ignacio Elizondo.
Esta caravana, después de haber pasado por el cerro de “Las Burras”, San José, Las Tobas, Los puertecitos de La Boca, Boquillas de la Risa, San Carlos, La Tinaja, hasta llegar a la Sierra de La Paila, de ahí se pasaron a la cueva del encanto, al pie del cerro que se le conoce como el Corazón del Toro.
El once de abril de 1811, en esta cueva dejaron bien protegido el dinero que consistía en tres “trincheras” bien arpilladas con cinchos de fierro, colocando en cada una de ellas como señales, calaveras que por el camino habían conseguido. Posteriormente estos personajes, siguieron su marcha hacia Monclova para seguir a Nacogdoches, Texas y posteriormente a Boston en EUA.
Durante mucho tiempo se estuvo especulando, que nadie regresó por ese tesoro, sin embargo , el guía Javier Díaz, dejaba constancia a través de un escrito, manifestando lo siguiente: siendo el mayordomo de la hacienda mi hijo Esteban Díaz, y por estar en artículo de muerte (sic), le dejo a él y a mi esposa Anacleta Flores este derrotero para que busquen en el Cañón del Mimbre este tesoro. En la puerta de la cueva resacamos unas letras que dicen don Manuel Anselmo de la Rivera, don Ramón de la Loza, don Antonio Imarriaga, el padre fray Margil y el de J. Díaz.
Como seña, hicimos un derrumbe de piedras para que no supieran que ahí se encuentra un tesoro.
Con información del Archivo de Monclova y el cronista coahuilense Arnoldo Bermea.
Más sobre esta sección Más en Coahuila
Hace 1 hora
Hace 1 hora
Hace 1 hora
Hace 19 horas
Hace 19 horas
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia