Coahuila

Publicado el jueves, 25 de marzo del 2021 a las 03:58
Saltillo, Coah.- El Covid-19 se llevó primero a su mamá Hilda Olivo Sánchez; días después a su hermana Alma Lucina Oliden. Las dos murieron en el Hospital General de Zona Número 11 del IMSS, en la frontera de Piedras Negras.
Estar contagiada del coronavirus en Saltillo impidió a Rita Idalia viajar inmediatamente de Saltillo a la ciudad de Nava para despedir por última vez a la mujer que le dio la vida, y a su hermana, quien diariamente le hablaba para darle los buenos días y bendecirla.
Con el deceso de su progenitora y de Alma Lucina, la familia Oliden Olivo se redujo, Rita Idalia, su hermano José Manuel y Guadalupe quedan en casa; años atrás murió Juan Antonio en un accidente de trabajo en la termoeléctrica de Río Escondido.
El 19 de agosto de 2020, mamá Hilda, como le decía Rita Idalia desde niña, ingresó de emergencia al área Covid del hospital por presentar complicaciones serias para respirar, fue necesario intubarla.
Los problemas de corazón, además de contar con 72 años, fueron factores que influyeron para que mamá Hilda no tuviera la fortaleza necesaria y venciera al coronavirus; murió en la mañana del día 17 de septiembre.
Las dos noticias desequilibraron completamente a Rita María. El apoyo de su marido Javier Hernández y la de su nieto Juan Manuel, quien vive con ellos desde pequeño, fueron factores importantes para que saliera bien librada del Covid-19.

‘Sentí que nunca iba a llegar’
Rita Idalia confiesa que el viaje a la ciudad donde nació se le hizo eterno. No imaginó que 2020 la marcaría de por vida al perder primero a su mamá y luego a su hermana.
“Me preguntas y me haces recordar días de mucha angustia e impotencia por no estar con mamá Hilda. Sufrí mucho y me es difícil expresarme, porque nunca más la veré, al igual que a Alma Lucina”, dijo entre lágrimas.
A pesar de que Rita Idalia dejó de vivir en Nava hace 37 años, y decidió radicar primero en Piedras Negras y luego en Saltillo para mejorar la calidad de vida de su familia, mantuvo siempre una cercanía con su mamá y sus hermanos.
“No alcancé a despedir a mamá Hilda porque me contagié, me aguanté y por algunos momentos pensé que me moría. Salí en dos semanas del virus y alcancé a llegar al sepelio de Alma Lucina. Mi mamá y Lucina no fueron incineradas, se les dio cristiana sepultura en el panteón municipal San Antonio Apóstol”.

Rita Idalia recuerda como si fuera ayer los momentos que estuvo en las criptas donde ahora descansan los dos miembros de su familia y en la casa donde creció.
“Dios me dio la fortaleza siempre. La virgencita de Guadalupe y San Juditas me acompañaron siempre durante mi estancia en Nava. Miré fotos de mamá Hilda con papá Juan, quien tiene años de fallecido”, dijo Rita Idalia.
Confiesa que desde el deceso de su mamá y de Lucina no le agrada estar sola. En los días que permaneció en su ciudad natal siempre estuvo acompañada de sus sobrinos y de algunos familiares de su progenitora.

Una mujer de mucha fey muy trabajadora
Describe a su mamá como una persona fiel a Dios, tiene presente que por más de 25 años mamá Hilda contaba con el “don” de apoyar y sanar a las personas cuando vivieron un susto, o alguien que les hizo un daño espiritual.
“A nadie le cobraba, lo hacía porque amaba a sus semejantes. Se sentía feliz y contenta cuando rezaba y le pedía a Dios sanar a hombres, mujeres y niños que llegaban a cualquier hora del día a su hogar para escuchar las palabras perfectas y salir de su mal”, expuso.
Mamá Hilda trabajó desde muy joven para apoyar en la manutención de su casa. Su papá era músico y sabía que esos ingresos no eran suficientes para sacar adelante a la familia, algo que recuerda Hilda muy bien.
“Era una mujer servicial y le encantaba la cocina. Disfrutaba mucho cuando preparaba calabacita y elote con carne de puerco, frijoles guisados con manteca, papitas con chile y que nunca faltara la salsa molcajeteada”, dijo.
En el tiempo que Rita Idalia vivió junto a sus padres, siempre acompañó a su mamá para cortar conjugues o “manzanitas” de los árboles. Lo mismo hacían para colectar aguacates y las nueces que caían de los nogales grandes que estaban junto a la acequia, por donde corría mucha agua.

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