Coahuila
Publicado el viernes, 2 de abril del 2021 a las 04:00
Piedras Negras, Coah.- El afluente se ve tranquilo, el imponente río Bravo es observado por Kevin, quien segundos después lanza piedritas a manera de juego.
Camina unos pasos por abajo del puente Internacional número 2 al momento en que el aerobote de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos se enciende y rompe la calma del armonioso paisaje.
Son cuatro jóvenes migrantes que rápidamente cruzan el río para llegar de forma ilegal a Estados Unidos. Van juntos, por ocasiones se sostienen y lo logran.
“ Cruzaron, pero ahí está la vigilancia”, expresa Kevin a esta reportera.
“ Yo quiero cruzar, pero debo buscar bien por donde, no me puedo arriesgar a que me agarren o que me ahogue, es peligroso este río”, añade el joven.
Kevin, tiene 17 años de edad. Originario de Jalisco salió desde hace más de un mes de su tierra natal con un objetivo fijo: Cruzar la frontera para poder llegar con su abuela y algunos familiares que se encuentran en Sacramento, California.
“ Me da miedo que me agarren y me regresen, me ha costado mucho trabajo llegar aquí”, dice con un dejo de tristeza.
Fueron 24 días los que tardó en llegar a la frontera. Todo su viaje fue en tren, donde sorteó diferentes peligros.
El joven delgado se sienta en una piedra donde apoya a su única compañera de viaje, su mochila y comparte su historia, el viacrucis que ha tenido que pasar para llegar a la frontera y en el que ha vivido al estar en situación de calle desde hace dos años.
“ Me lastimaron el corazón, el alma, cuerpo y la mente”, expresa.
Kevin relata que desde hace dos años su mamá y su padrastro los corrió a él y a su hermano un año mayor, luego de haberlos maltratado física y verbalmente por varios años.
Muestra su brazo izquierdo en donde tiene algunas huellas del maltrato del que fue victima. Su padrastro le quiso pegar con una muleta metálica en la cabeza y la cara, Kevin al tratar de cubrirse recibió los golpes en los brazos, el izquierdo se vio muy afectado.
A parte de los golpes a diario, lo amenazó con un cuchillo y en ocasiones no lo dejó dormir en casa, los despertaba a medianoche y los sacaba del hogar, pues los obligaba a trabajar o buscar dinero.
El papá de Kevin se separó de su madre hace 11 años. Su mamá que anteriormente era cariñosa, se tornó totalmente diferente. Estaba enojada todo el tiempo.
“ Algo pasó, no se si porque se enfermó de diabetes, ella no era así”, destaca.
Tras juntarse con un nuevo marido, los maltratos empezaron de ambas partes y estas fueron incrementándose con los años hasta tornarse imposibles de aguantar.
Cuando su madre los corrió a él y a su hermano se fueron a vivir a la calle donde muchas veces no comieron, o durmieron en lugares peligrosos.
Su hermano finalmente cayó en drogas y Kevin no quiso terminar igual. Decidió migrar.
A pesar de que su mamá lo maltrató expresa: “siempre he querido recordar como era antes. Era buena con nosotros, cuando nos sacaba a pasear al parque o al centro de la ciudad de Guadalajara, cuando estábamos juntos con mi papá”.
“ Decidí migrar, no podía quedarme más ahí, pero soy realista, con la mentalidad de que iba a arriesgar más, pero llegar con mi abuela con la que he estado en contacto”.
Su abuela le dijo que no lo puede ayudar a cruzar, pero cuando ya esté en Estados Unidos, sus tíos pueden ir hasta donde se encuentre para llevarlo a su casa.
“ Allá puedo trabajar o estudiar, me gustaría estudiar”, indica.
Lo más difícil de estar en calle, indica que ha sido el estar solo, enfrentar su adolescencia sin nadie que le pueda dar consejos o ayudar y solo estar alerta para esconderse y estar seguro.
Al migrar, decidió hacerlo en tren, así fue conociendo muchos lugares y muchas personas, algunas malas, otras buenas.
“ Fueron como 24 días en tren, tomando trenes diferentes, bajando en algunas partes y descansar, aveces se me perdían, se me iban”, dice.
“ Si se sentía seguro se dormía, si no, me mantenía despierto en alerta, cuidándome, pues corría riesgo de que me asaltaran o me aventaran”, añade.
En su camino conoció a un buen migrante, oriundo de Nicaragua al que consideró su amigo, luego de platicar por muchas horas con él.
“ Me dio consejos, platicó conmigo como amigo, pero se quedó en Monterrey donde agarró un trabajo, yo me vine a Piedras Negras”, apunta.
Hace una semana que llegó a la frontera, se queda en la calle, en alguna casa abandonada.
“ Me quedo solo una noche, me tengo que mover de lugar, no es seguro quedarme más”.
En Piedras Negras fue golpeado, unos sujetos al verlo cerca del río con un bat. “Me dijo que qué le veía y me empezó a golpear, el otro vino y trajo un bat con el que me dio”.
Sus pies apenas son cubiertos con unos zapatos viejos, no tiene calcetas, pero así continuará su camino. Desiste en tomar dinero que esta reportera busca darle para que compre algún alimento, solo quiere agradecer por la platica y por poder ser escuchado.
La peligrosa calle
Han sido muchos los peligros que ha sorteado Kevin desde que está en situación de calle. No hay oportunidades y hay delincuencia, además de que por no tener un hogar estable, así como la mayoría de edad no lo aceptaban en los trabajos.
“ Me salían pequeños trabajos, pero no los mantenía, no tenia ropa limpia a las dos semanas me despedían”, apunta.
“ Mi hermano agarró las drogas, ahí se quedó, yo no quise entrar ahí”, indica.
Unos sujetos lo golpearon y le dijeron que lo iban a matar. Fue entonces que decidió salir de ahí y alejarse de su tierra natal, de lo que fue su hogar, de su familia, de todo.
“ Cuando pasaba cerca de mi casa me ponía triste porque pensaba ¿cómo pudo pasar esto?”, mencionó.
“ Nunca pensé que nos iban a deshechar como basura”, agrega.
Sueños rotos
Kevin estudió hasta segundo grado de secundaria, mientras estudiaba trabajó como lavaplatos y en un call center, pero a veces no le daban más trabajo por ser menor de edad.
A pesar de ser buen estudiante, jamás reprobó materias, su mamá lo sacó porque le dijo que ya no podía pagarle los estudios y tenia que trabajar de tiempo completo, poco después lo corrió de la casa.
Su sueño era ser piloto aviador, desde muy pequeño se imaginaba de grande en medio de aviones.
Pero su realidad se encargó de desmoronar esos sueños, de romperlos.
“ Ya se me acabaron esos deseos, esa carrera además cuesta mucho dinero, soy realista, yo nunca podré llegar ahí”, dice con tristeza.
“ Esos sueños se quedaron en mi casa, igual que mis documentos de la escuela, yo ya no creo que ahorita todavía los tengan”, agrega.
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