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| Foto: Zócalo | Miguel Osorio

En Memoria

Eduardo Magaña, un hombre de fe que hizo contar cada día

  Por Luis Durón

Publicado el domingo, 4 de abril del 2021 a las 07:13


Pastor de la Iglesia Bautista, amante de la fotografía y la música, además de un padre y esposo extraordinario, perdió la lucha contra la Covid-19

Saltillo, Coah.- Un hombre de fe, un esposo cariñoso y amoroso, un padre extraordinario y un pastor de la iglesia Bautista muy querido, así se define a Eduardo Magaña, un amante de la fotografía y la música que murió a causa del coronavirus.

Su esposa, Gabriela Manzano, relata el día que se conocieron en una misión religiosa donde ella impartía la “palabra de Dios” a los niños, él llevaba a su papá quien quería aprender sobre la Biblia.

“ Lo vi por primera vez en una misión donde yo trabajaba con los niños, fue la primera vez que lo vi y me enamoré de él, pero él ni siquiera era Cristiano todavía, pasó el tiempo y debido a que su papá quería seguir aprendiendo de la Biblia, lo tuvo que seguir llevando y lo seguí viendo. Pasó el tiempo y me pidió que fuera su novia, yo nunca pensé que se fijaría en mí, para mí él era el hombre más guapo del planeta, yo pensaba que no, pues cómo, no hacemos juego, pero me pidió que fuera su novia y tardó tres meses en tomar mi mano”, recuerda Gabriela.

Apuesta todo por amor

Eduardo se convirtió a la fe de Gabriela y decidieron mudarse a Saltillo, donde tenían la misión de edificar una iglesia para impartir su fe cristiana, Eduardo se instruyó como pastor, uno de los mejores a decir de sus seguidores.

“ Edificó dos iglesias la iglesia bautista El Camino y la iglesia bautista Monte Sinaí, hay muchas fotografías de mucha gente que él bautizó, él estaba muy interesado en el trabajo con los niños”, platicó.

Fue así como Eduardo y Gabriela formaron su familia en esta ciudad, tuvieron cuatro hijos, el primero significó una prueba de fe para el matrimonio Magaña-Manzano.

“ Cuatro solo que el primero falleció casi al nacer y perderlo tan jóvenes nos hizo darnos cuenta qué frágil es la vida y teníamos la frase, hay que hacer que cada día cuente y de verdad que él trataba de hacer de que cada día contara”, aseguró.

Apoyo mutuo

Gabriela enfrentó al cáncer, su esposo fue el pilar que la ayudó a vencer esa temible enfermedad, su apoyo fue clave para que saliera adelante, su amor fue la medicina más efectiva.

“ Mi esposo siempre fue muy solidario dijo ´no quiero que estés solita´ cuando perdí mi cabello él también se rasuró la cabeza para acompañarme, jamás me hizo sentir menos porque ya no estaba igual porque tuve una mastectomía radical y bendito sea Dios él jamás cambió su forma de ser conmigo”.

Nada lo detenía

Eduardo no sólo edificó dos iglesias, también trabajaba como fotógrafo, su gran pasión recuerda Gabriela, pero en 2006 perdió la visión, un golpe duro para la familia, aún así, cómo podía buscaba la manera de continuar con su pasión, incluso una de sus fotos fue publicada en una revista de biología.

“ No lo va a creer pero en esos años, ya con su ceguera, ganó un premio en una revista, que le publicaran su fotografía, le encantaba tomar fotografías, ya no podía trabajar como fotógrafo evidentemente pero todos los días se salía ahí como podía porque le costaba mucho trabajo caminar, tropezaba a cada rato, pero buscaba la manera y tomaba fotografías de las puestas de sol o de los amaneceres todos los días”, recuerda Gabriela con ilusión.

‘Haz que cada día cuente’

En esos 39 años de casados, Gabriela admiró siempre a Eduardo por su manera de ver la vida, su frase “Haz que cada día cuente” la seguía al pie de la letra.

“ Su paciencia, su amor, increíblemente amoroso, siempre, siempre, la gente lo ve y dice que nuestro matrimonio siempre fue ejemplar, jamás peleábamos, jamás, acabo de terminar de escribir un libro, cuando él hacía algo que a mí me molestaba me dejaba de hablar”, mencionó.

Inicia la pesadilla

El Covid entró a la vida del matrimonio por una visita al hospital donde se encontraba uno de los miembros de la congregación que fue internado debido a una caída, esa fue la única vez que salieron de casa, un mes después, el diagnóstico para Eduardo fue positivo al Sars-Cov-2.

“ El 16 de agosto empezó con fiebre, era domingo, era domingo y los domingos siempre se levantaba muy temprano para leer la biblia y orar, pero los domingos pues más porque predicaba, le habló por teléfono a un joven de la iglesia que ahora es el pastor, le dijo ‘Samuel ayúdame porque me siento muy mal’”, comentó.

Eduardo pidió a su esposa que no lo llevara al hospital, solo le pidió una aspirina y un remedio natural para bajar la fiebre, ese mismo día su estado de salud empeoró y llamaron al doctor, quien dio el diagnóstico final, Eduardo tenía Covid-19

Quince días duró en cama, para el 29 de agosto tuvo que ser internado en el hospital, el Covid estaba acabando con salud, ya no podía respirar. Desde el hospital mandó un último mensaje de voz a su familia.

La despedida

“ Nos mandó un mensaje de voz bien bonito el 30, se oía bien, con un poco de dificultad pero se veía bien, y decía ‘hola linda te amo, estoy pensando mucho en ti, le doy muchas gracias a Dios por ti, por mis hijas por todo lo que nos ha ayudado, las amo, sigan orando por mí le estoy echando muchas ganas’, ese fue el último mensaje”, dijo.

La mañana siguiente Eduardo fue intubado, a las 12:00 del mediodía tuvo un paro, los médicos lo pudieron resucitar pero a las 18:00 horas de ese 31 de agosto, Eduardo sucumbió ante el coronavirus.

“ Fue muy dolorosa su partida porque mi esposo era un hombre muy sano, desde que yo tuve el cáncer, decidió investigar y cambiamos nuestra alimentación, él en los últimos ocho años fue completamente vegano”

Vivirá por siempre

Para Gabriela, la muerte de Eduardo fue algo muy difícil de entender, tuvo que afrontar la partida de aquel hombre que vio por primera vez en la puerta de una iglesia y con el que formó la familia que ahora tiene.

En su casa quedan todos los recuerdos de ese gran señor, cámaras fotográficas, su guitarra, las fotografías que le tomó a su familia, y para honrarlo su hijo pintó un mural afuera de su hogar, el mural del hombre que amaba la fotografía.

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