Espectáculos
Por
Redacción
Publicado el sábado, 19 de julio del 2008 a las 14:00
Saltillo, Coah.- Psicoanálisis y literatura están hermanados desde la tipificación de los conceptos de la primera.
Más adelante, la atracción de una disciplina que puede revelar nuestro más oscuro y, quizá, más auténtico lado humano (el inconsciente) llegó por vías naturales a la literatura.
Ya fuera de manera involuntaria, en otras a conciencia, ha habido una interdigitación histórica entre ambas disciplinas.
No le debe ni usa una a la otra, sino que se retroalimentan. Calificada como pseudociencia, se cree que el psicoanálisis quiere hablar del hombre a través de principios más o menos arbitrarios. La literatura igual. El lenguaje y la razón son mecanismos con los que el hombre expresa algún rincón de su conciencia. El escritor los usa. El psicoanalista busca en ellos significados.
Lo mismo un lector.
‘Sujetos extraordinarios’
Ricardo Piglia anota que “En medio de la crisis generalizada de la experiencia, el psicoanálisis trae una épica de la subjetividad […] nos convoca a todos como sujetos trágicos. Nos dice que hay un lugar en el que somos sujetos extraordinarios”.
Existen los que miran esto en géneros como la novela erótica, donde los personajes están en un nivel al que un sujeto no puede aspirar al estar inserto en una sociedad que lo reprime. En las novelas, vemos a personajes trasgresores, ámbito que nuestro inconsciente prefigura, allí donde no hay reglas. En ese ámbito se inserta también, dice Piglia, el detective del género policiaco.
Estando en un lugar intermedio entre la ley (pues busca criminales) y la libertad (sus métodos pueden ser no muy apegados a la ley), logra develar verdades complejas para sí mismo.
La lucha interna del instinto contra la ley y las formas, su constante roce con el peligro (su pulsión de muerte o Thánatos) ponen al detective en una posición transgresora y en contacto directo con su inconsciente.
El héroe trágico es otro canal que comunica a ambas disciplinas. Visto como un sujeto ceñido a los desplazamientos de su sociedad, a un discurso que lo define, limita y le pone un destino, el héroe vive atormentado luchando entre sus deseos y pulsiones contra lo que la norma les pide.
Psicoanálisis como forma El surrealismo exploró directamente al psicoanálisis como forma de composición formal, no obstante que para muchos, incluyendo a Piglia, el abordaje fue superficial.
Se quiso empedrar caminos directos al inconsciente: los surrealistas inventaron el cadáver exquisito, la estética onírica, la escritura automática, el desborde del instinto. Beatniks, Pranksters y la escuela de Timothy Leary utilizaron drogas para ese contacto.
Si bien la literatura beatnick es vivencial, plasmar la experiencia no significa que se haya pasado por el tamiz de la exploración psicoanalítica, sino que la experiencia se narra desde procedimientos donde se expresa la manera vaga, libre y desordenada (así se le pondera) del inconsciente.
La excepción para Piglia es James Joyce, quien no buscó en el psicoanálisis un método de descubrimiento ni una fórmula para explorarse él mismo o a su sociedad. Encontró en el discurso del inconsciente un formato, un sentido discursivo.
Sus máximas aportaciones formales a la ejecución literaria, el monólogo interior y el flujo de conciencia, fueron resultados de la asimilación que Joyce hizo del psicoanálisis como forma estilística y discurso literario.
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