Coahuila
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Grupo Zócalo
Publicado el jueves, 22 de abril del 2021 a las 03:55
Diana Martínez | Jesús Castro | Saltillo, Coah.- En el suelo duerme el “Abuelito” Cruz, un hondureño de 66 años que, por sus lesiones en las rodillas, tras un difícil viaje en “La Bestia”, quedó varado en Saltillo. Ante la necesidad de un techo, vive en uno de los improvisados albergues de la ciudad, con carencias y limitaciones, al igual que cientos de migrantes más.
Ante el creciente flujo de centroamericanos por Saltillo, la sociedad civil se ha ocupado por implementar espacios para que los migrantes tengan dónde descansar y comer, pero sin recursos es difícil ofrecer comodidades.
En la colonia Landín está ubicado el albergue Casa Alegre, donde el pastor José Nuncio y su familia reciben 3 mil migrantes por mes, por lo que las necesidades son muchas, sobre todo en alimentos y espacios.
Urgen recursos
El Congreso del Estado exhortó al Gobierno federal para garantizar recursos que permitan atender la problemática que se presenta en Coahuila, y evitar así una crisis migratoria, ante la estancia de gran número de migrantes en Piedras Negras y Acuña.
La legisladora nigropetense Esperanza Chapa manifestó que existe una gran presencia de migrantes centroamericanos en el país, por las políticas estadunidenses de desalentar su paso al país vecino, sobre todo por la pandemia de Covid-19.
Carencias, el pan de cada día de migrantes
“ Hemos tenido hasta 40 personas por día, pero está muy reducida la casa y queremos agregarle otros cuartos. Si alguien gusta donar cualquier tipo de material. Esa sería una de las necesidades que tenemos en los albergues, además de alimento y ropa”, señaló el pastor José Nuncio, encargado de Casa Alegre.
La vivienda es de interés social, se adecuó para atender al mayor número de personas, pero son tantas que duermen hacinadas. Esto los obligó a habilitar unos cuartos en el antiguo Camino a General Cepeda, donde la escasez es más notoria.
No hay camas, solo colchonetas en el piso. No tienen servicio de agua potable, por lo que improvisadamente lavan ropa y trastes. Cocinan a la intemperie con carbón.
“ Apenas hay que comer”, aseguró Amber Carpenter, coordinadora de Casa Alegre, quien detalló que si le ponen más agua a la sopa, alcanza para más personas.
El albergue, ubicado en la colonia Las Margaritas, dejó de funcionar hace cuatro meses, sin embargo, no era tan distinto a los otros puntos. Era un tejabán de cartón y madera que albergaba hasta 50 personas en no más de 20 metros cuadrados.
“ Mi casa es un tejabán, yo ahí les estaba dando alojamiento. Ellos venían de paso de dos o tres días y se iban, se bañaban, comían y se iban. Entonces ahorita no estamos recibiendo emigrantes”, señaló Glenda Troches, hondureña encargada del albergue La Esperanza.
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