El mito de Orfeo ha sido numerosas ocasiones inspiración para compositores. La lista es tan larga como la historia misma: Rinucinni, en 1602 compone Eurídice, la primera ópera considerada así en stricto sensu; Claudio Monteverdi, en 1607 estrena su Orfeo; Christoph Willibald Gluck, en 1762 estrena su Orfeo y Eurídice, que tiene una de las arias más memorables: Che Farò senza Euridice? Y así, la lista sigue, no solamente del lado de la ópera.
Franz Liszt tiene un poema sinfónico llamado Orpheus, Stravinsky un ballet, el compositor francés Jean Roger-Ducasse tiene a su vez un memorable trabajo musical donde la danza está presente. Hasta la actualidad Orfeo sigue encantando con su lira a los compositores: Jóhann Jóhannsson está por estrenar su álbum Orphée.
El mito es conocido por todos: Orfeo pierde a su amada y, desconsolado, vaga por los bosques tocando su lira y conmoviendo a la naturaleza misma que percibe su sufrimiento. Le es concedido que baje a los infiernos a rescatar a su amada Eurídice, lleno de valor baja, encantado con su música los obstáculos que se le presentan. La única condición que se le impone es que, una vez vea a Eurídice, no la mire hasta salir y que el sol bañe por completo sus cuerpos. Ya a punto de salir, Orfeo voltea la mirada por alguna razón y en la peor de las pérdidas su amada se esfuma regresando a los infiernos.
A partir de ahí la vida de Orfeo es una desdicha total, aunque su música sigue conmoviendo a ninfas, mujeres y naturaleza. La muerte de Orfeo tiene varias versiones, aunque finalmente se reúne con su amada. ¿Por qué no fue capaz de morir por amor y bajó a los infiernos vivo? Es una pregunta que muchos se han planteado. ¿Por qué voltea la mirada Orfeo si sabía que la perdería?
El filósofo lacaniano Slavoj Žižek se plantea esta pregunta. El Narcisismo en Orfeo es tal, que ya no ama a Eurídice por ella misma, sino a sí mismo amando a Eurídice. Quizás Orfeo esté fascinado por la gloriosa poesía que le espera luego de la pérdida.
Según Klaus Theweleit pierde deliberadamente a Eurídice para ganarla como objeto de inspiración. La pulsión de la muerte y la creatividad siempre tan cercanas.
Slavoj Žižek va más allá y se pregunta si Eurídice misma, sabiendo las capacidades poéticas de Orfeo, no hace que la pierda para así convertirse en su musa eterna.
En todo caso, el final es la pérdida de la amada y la transformación de esta en musa. Sean cuales sean la interpretaciones, nosotros, humanos del siglo 21, tenemos la dicha de disfrutar de todo el arte que este amor mítico ha provocado: escuchemos música.
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