El 5 de Mayo de 1862 fue, sin duda, una más de las fechas en que los mexicanos demostraron que en comunión de convicciones y con total libertad, podemos defendernos de cualquier tipo de opresión o abuso del ejercicio del poder. Por tal motivo, el ejemplo de lo sucedido en la batalla de Puebla debe servirnos de inspiración para prepararnos de cara a la próxima elección del 6 de junio.
La anterior reflexión viene al caso ya que ahora, las condiciones en que se encuentra nuestro país, nos obligan a unir voluntades para imponer por cuenta propia, a través de nuestro voto, los límites necesarios que logren evitar conceder a una sola fuerza política un poder desmedido, y evitar con esto que un régimen sin contrapesos se consolide y se apropie absolutamente de todos los aspectos de nuestro país.
Es decir, que ahora se corre el riesgo de que en México se empiece a gestar un régimen a todas luces absolutista, ayudado por la nula resistencia que oponen las supuestas fuerzas opositoras como lo son PRI, PAN, PRD o MC, que a la fecha en nada han corregido sus errores y que permiten que el partido del Presidente se presente como la única alternativa capaz de seguir gobernando a nuestro país.
Ahora bien, debo aclarar que lo manifestado con anterioridad no significa que quien esto escribe considere que el actual régimen sea malo o bueno -dado que soy consciente de que cada quien lo evalúa según su experiencia-, sino que considero que por nada es recomendable que un régimen, por acertado que sea o parezca, tenga un poder absoluto de decisión sobre una nación, ya que con esto tendría la posibilidad de manipular todos los poderes que la conforman.
Para quien piense que en México la posibilidad de tener un régimen totalitario es lejana y que el Presidente sí tiene contrapesos, debo ponerle como ejemplo lo sucedido hace días con la extensión del mandato del ministro Arturo Zaldívar, promovida y lograda por Andrés Manuel, misma que fue aprobada por los del PAN, PRI y PRD, los cuales no pudieron hacer nada por sentirse chantajeados por todos los esqueletos que tienen en el clóset y por el legado de corrupción de su mal gobierno, permitiendo con esto que el actual régimen pudiera dar el primer paso para apropiarse de la Suprema Corte de Justicia, lo que pone en riesgo la autonomía del Poder Judicial.
En resumen, los mexicanos este próximo 6 de junio, antes de emitir nuestro voto, estamos obligados a realizar una profunda reflexión sobre la realidad política y social de nuestro país para evitar equivocar el rumbo que tomará nuestra nación después de esa jornada eleccionaria, ya que solo así podremos hacer sentir al gobernante en turno que nadie, absolutamente nadie, es lo suficientemente bueno para permitirle que de manera discrecional maneje todos los aspectos de nuestro país con poder absoluto, y que el único y verdadero poder de decidir las cosas de México radica en el pueblo, el cual será capaz de crear los necesarios contrapesos que ahora más que nunca nuestro país requiere.
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