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Coahuila

El Barrio del Santuario

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 4 años

Denominada así, porque ahí se localiza en torno a la iglesia dedicada a venerar a la Virgen de Guadalupe. Este barrio, como el Topo Chico, Ojo de Agua, El Barrial, Águila de Oro, entre otros, ha destacado y ha dado su nombre a un asentamiento con gente dedicada al trabajo honrado, fecundo y creador.

Su origen orgullosamente tlaxcalteca fue parte de una enorme huerta llamada Los Pilares, propiedad de doña Mercedes Cadena y forma un rectángulo casi perfecto. A sus lados se formaron las calles de Los Baños, luego Cuitláhuac y actualmente General Francisco Murguía, en honor a este héroe revolucionario originario de Ramos Arizpe, Coahuila. Al frente la calle del Mezquite (Pérez Treviño), al oriente la calle Ahuizotl, y sus espaldas “la cuadra de la Acequia”, hoy Gabriel Valerio. Custodian este templo desde el 27 de octubre de 1937 por los Misioneros del Espíritu Santo, sacerdotes que están esparcidos en todo el mundo para ejercer su ministerio.

Así como el Cerro del Tepeyac en la Ciudad de México se construyó una ermita donde a Juan Diego se le apareció la Virgen de Guadalupe, en Saltillo desde hace más de 200 años se construyó una pequeña iglesia sobre un montículo, dedicada a venerar a la morenita del Tepeyac, prácticamente eran las afueras de la ciudad. Al principio no había culto permanente.

A la construcción de la ermita siguió una capilla grande construida con adobe en una superficie de 34 metros de largo, por 7 de ancho. En el año de 1898 fungía como presbítero el padre Crescencio Carrasco, perteneciente el clero diocesano.

Los trabajos de construcción del actual templo estilo gótico iniciaron en agosto del año de 1911. La Revolución mexicana vino a interrumpir su edificación, que al principio estuvo a cargo del ingeniero canadiense Henry E. M. Guindon, quien entre otras construcciones está la Benemérita Escuela Normal del Estado, así como muchas obras más en la ciudad de San Luis Potosí. A Guindon no le fue posible continuar con las obras, las que quedaron a cargo de un ingeniero italiano de apellido Pelandini, a quien se debe el cierre de las bóvedas y el diseño de los magníficos vitrales.

La imagen de la virgen de Guadalupe es obra del jesuita Crescencio o Gonzalo Carrasco.

Este barrio del Santuario con sus respectivos edificios, el Santuario de Guadalupe, la Escuela Primaria Miguel Ramos Arizpe, el Parque Azteca, el edificio del hospital del ISSSTE y el molino La Colmena, en una traza que comprende e Emilio Carranza a Murguía y de Corona a Aldama, ha sido testigos del crecimiento de Saltillo, que en el final de los años 30 tenía escasamente 45 mil habitantes.
El Santuario pertenecía al pueblo de San Esteban de la Nueva Tlaxcala. La antigua huerta Los Pilares, donde se encuentra, es también sitio de la escuela Miguel Ramos Arizpe. Su estilo gótico destaca en toda la ciudad.

En el Parque Azteca se celebraban rumbos bailes y luego fue la sede de la Universidad de Idiomas de Cuca Galindo, donde Oscar Flores Tapia “se consagró” como maestro de Historia.

Tanto a la iglesia, como al Parque Azteca, concurrían los habitantes de barriadas cercanas, como Los Panteones, la Guayulera, los Baños, Iturbide y Auhizotl. Era la clase media y popular.

Los padres de doña Catalina Ponce Pérez y de su esposo don Sergio Antonio Valerio Arocha, tuvieron la hermosa comunión de donar los terrenos donde actualmente se localizan los edificios de la Escuela Primaria Miguel Ramos Arizpe y el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe.

Descendientes de esta familia habitaron una vivienda frente al recinto sacro, precisamente en la casa marcada con el número 225 de la calle Pérez Treviño al poniente de la ciudad, casi esquina con la calle Francisco Murguía, donde se localizan los dos edificios en mención. En el domicilio que perteneció a doña Catita, como así nombraban a la señora Ponce en el barrio, vivió su hijo Carlos Elías Valerio Ponce, quien consideraba que la vivienda es una de las más antiguas de la actual traza urbana del primer cuadro de la ciudad, ya que fue construida antes que la escuela y el templo.

Carlos Elías, enfermero de profesión de la Clínica Uno del Instituto Mexicano del Seguro Social, ocupó por mucho tiempo la casa que ha sido y sigue siendo propiedad de la familia Valerio Ponce, desde hace varias generaciones.

Él casó con Martha Gabriela Ramírez Sánchez, con quien procreó a Karina, Carla y Carlos Eduardo, quienes ya forman otra generación en la familia.

La casa era muy grande, pero con el correr del tiempo se ha ido reformando y dividiendo, pues pertenece también a sus hermanos. Doña Catita hace tiempo que emprendió el viaje con Dios y los vecinos de la arteria añoran su presencia siempre grata. Sus vecinos fueron don Candelario, el de la tienda de Murguía y Pérez Treviño; don Pedro Martínez, Malena y otros muchos más.

Toda la familia Valerio Ponce ha seguido el oficio del comerciante, pues él después de su labor en el Seguro Social, atendía un negocio de fotografía denominado Valerio.

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