La menstruación, la regla, es el producto del funcionamiento del sistema menstrual, que implica la salida de sangre a raíz del desprendimiento del endometrio, que es una camita de sangre y tejidos que albergaría a un óvulo fecundado. Al no existir tal, este sale por el canal vaginal cada 28 días, cantidad de tiempo que varía mucho en cada mujer. La menstruación de cada persona es única, y aunque suceda a la misma hora de cada día de cada mes en una regularidad espartana, no quiere decir que las reglas sean lo mismo siempre.
Las mujeres no comparten tampoco los mismos cuidados de la regla, porque cada quien posee necesidades únicas. Unas utilizan toallas sanitarias, de tela o desechables, algunas más se ponen tampones, que ha sido una de las opciones más cómodas que han prevalecido para algunas mujeres que odian el bulto de la toalla, y en otros casos he visto mucho la utilización de toallas sanitarias lavables, que se parecen mucho a aquellos trapitos que sacaban al sol las abuelas, quienes siempre usaron compresas de tela.
Me escribe un hombre sobre su caso y la menstruación: “…hemos vivido juntos durante 7 años, y en estos últimos dos la menstruación de mi mujer ha sido muy abundante. Eso provoca que el sexo que tenemos sea siempre en la regadera o en lugares que cree no vamos a ensuciar… Me provoca un poco de incomodad y preferiría la cama aunque manchemos. Nunca hemos manchado porque hemos sido muy cuidadosos, pero se cuida más y está viendo qué hacemos siempre y la ocasión de tener sexo durante su regla es algo que siempre provoca discusiones. ¿Cómo la ayudo para que piense que no me da asco aunque ya le dije? Eso es cuestión de ella, porque aunque crea que huele, ha habido situaciones en que su humor ha sido más fuerte y no se ha dado cuenta de eso. A ver si me puedes comentar”.
Este lector cuarentañero con una compañera de su edad, debe considerar que quizás esté atravesando un momento de crisis ante cambios hormonales de su pareja. Sin embargo, el estigma de la regla como algo sucio y que huele desagradable también es parte de una cultura machista y misógina, que sataniza los naturales olores de las mujeres y de sus emanaciones.
Estos estigmas y prejuicios no solo están presentes en los groseros chistes que muchas personas, hombres y mujeres, replican sobre la sangre menstrual. Es decir, en nosotras también está introyectado un sentido de culpa, incluso, por ser personas sangrantes. Y cabe mencionar que, para el pasmo de muchos, existen hombres con regla, porque a los hombres trans también les baja, dependiendo de cómo transiten en su tratamiento hormonal.
Cuando la menstruación sea asumida como un proceso de la vida de las mujeres que incide en todos los entornos, quizás se llegue a la sensatez de liberar y entregar gratis a todas las mujeres los insumos de cuidado e higiene de la menstruación, y en particular para las mujeres que viven en situación de calle. Imagínate traer la regla mientras duermes en la baqueta y te debes de cambiar de calzones o de toalla sanitaria en un país en donde se cometen 10 feminicidios diarios.
La regla también es un asunto político.
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