Los 50 participantes en la reunión no podían creer lo que escuchaban. Ya no recibirán sus pensiones, dijeron los directivos de la Universidad Autónoma Metropolitana, la UAM.
De un plumazo, los jubilados vieron evaporarse sus planes de una vejez independiente, activa, con una salud más o menos controlada. Regresaban a lo que durante años temieron: una jubilación raquítica.
Era el 5 de abril. En la reunión no hubo debate, sino una imposición, me dijeron varios asistentes. Les anunciaron que el acuerdo de jubilación al que llegaron en 2018 con la Universidad quedaba sin efecto. Ahora debían aceptar un nuevo acuerdo, que no les garantiza una pensión vitalicia, sino un pago fijo, que equivale a lo que recibirían de jubilación durante los próximos cuatro años.
“Fue humillante, como si nos dijeran que teníamos que morirnos en cuatro años. Después, quedamos desamparados”, me dijo en una videollamada Rosalinda Flores, una participante de la reunión, quien fue académica de la UAM durante 30 años. Flores habla desde una casa repleta de libros, mientras jadea bajo un aparato respirador y dice que su salud es endeble, mas no piensa quedarse callada.
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