El maternaje, la maternidad y todas las actividades que implica la crianza, no son cualidades que necesariamente deba tener o desarrollar una mujer. No es necesario porque no es obligatorio que tenga hijos, ni tampoco que cumpla con un mandato de poblar el planeta, aunque su religión se lo comandase, porque cada persona debe decidir sobre su salud sexual y reproductiva.
Es decir, un hombre o una mujer saben si se cuidan y cómo de un embarazo no deseado y de las infecciones de transmisión sexual. El cuidado durante la actividad sexual debe ejecutarse por parte de tod@s los involucrados en un acto sexual.
Una de las formas de familias que son comunes desde siempre, es el modelo en el que el padre divorciado se casa con otra persona, que acepta a un hombre con hijos cuando ella o él (en caso de que sea una pareja gay) no quiere maternar.
Quizás más hoy, las mujeres jóvenes, muchas de ellas con un buen nivel educativo y un potencial laboral de alto perfil, deciden que no van a ser madres, lo cual es excelente porque es una decisión personal. Sin embargo, también me ha tocado conocer a jóvenes mujeres que no quieren maternar, decisión que no siempre tiene que ver con el nivel de preparación o educación de las mujeres, sino un nivel de congruencia y responsabilidad social.
De un correo de una amiga lectora de las redes sociales: “…Aunque no estoy de acuerdo en todo lo que escribes, me animé a escribirte porque estoy en un dilema ahora que me he casado apenas y quizás necesitemos terapia familiar o algo que ayude. Mi esposo tiene 45, yo acabo de cumplir 26, y como supondrás la gente cree que me estoy casando con mi papá, pero nos llevamos bien y el problema es que tengo que lidiar a diario con la mamá de los hijos de mi esposo, la mujer de su primer matrimonio.
“Nunca he logrado llevarme bien con ella y eso que yo soy bien tranquila y no soy faramallosa. Tampoco soy la otra por la que se divorciaron, porque yo ya lo conocí separado de hace mucho, pero el problema es que los niños (niña de 12 y niño de 10), están bien amaestrados por la mamá y me tratan muy mal por órdenes de ella. No solo creo que me hace mal a mí y en la relación con mi esposo, sino a los niños diciéndoles que le hagan maldades a la nueva esposa de su padre. Me parece tóxico y a la larga puede tornarlos violentos o más difíciles de lo que son…”.
Cuando las mujeres recién casadas con hombres que tienen hijos de una unión previa, la primera idea que debe de construirse es una relación maternalizada con la nueva familia. La claridad en las relaciones familiares es lo mejor: la esposa del padre debe ser llamada como tal, por su nombre y asumida como lo que es. Y no necesariamente tiene que ayudar en la crianza y responsabilidad de los hijos de su pareja, lo cual debe de asentarse y negociarse mucho antes de un compromiso de pareja, en particular porque los hijos ajenos son un trabajo extra.
Quizás deban de poner límites con los hijos del esposo para que mantengan al menos una relación de respeto. Las nuevas esposas no son las criadoras que continúan lo que en la casa de la madre reciben, solo son acompañantes y colaboradoras si así lo deciden, en particular porque muchos esposos relegan la crianza y el cuidado de los hijos, también, a las segundas esposas.
Notas Relacionadas
Hace 33 minutos
Hace 1 hora
Hace 1 hora
Más sobre esta sección Más en Nacional