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Coahuila

Periodismo a secas

Por Gerardo Hernández

Hace 5 años

«Desde el 2015, cuando me sacó con un guardaespaldas de una conferencia de prensa en Iowa, no veía a Donald Trump», así empieza la columna de Jorge Ramos «Cazando a Trump» (Reforma, 03.07.21). El premio internacional de periodismo Maria Moors Cabot 2001, fundado en 1938 y administrado por la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia, viajó el pasado fin de semana a Weslaco, Texas, para tratar de entrevistar al expresidente sobre el muro entre México y Estados Unidos. En la gestión trumpista no se construyeron 500 millas, sino 47, de acuerdo con The New York Times, sin pagar México un solo centavo, dice.

Ramos confiesa su frustración. «No pude. Trump venía protegido con un extenso sistema de seguridad que evitaba que los reporteros nos acercáramos… Y después de su reunión pública con el Gobernador y con otros políticos estatales, no nos permitieron hacer ni una sola pregunta. (…) Así que al terminar la reunión y en medio de los aplausos no tuve más remedio que gritar (…) para llamar su atención (…): -¿“Va usted a reconocer finalmente que perdió las pasadas elecciones? -No”, me dijo mirándome directamente a los ojos».

El periodista emigró a Estados Unidos en 1983, en el auge de la «dictadura perfecta», «cuando la principal cadena de televisión en México, Televisa, censuró su primer reportaje» (Wikipedia). Newsweek, Time y People en Español lo han incluido entre los líderes latinos más importantes e influyentes en Estados Unidos. El 25 de febrero de 2019, Ramos fue retenido en el Palacio de Miraflores en el marco de una entrevista con el presidente Nicolás Maduro. Las cámaras, los teléfonos celulares y el material de la conversación fueron secuestrados; y Ramos y sus compañeros de Univisión, expulsados. La experiencia la narra en su libro más reciente 17 Minutos: Entrevista con el Dictador.

Después de Weslaco, el conductor de Noticiero Univisión y del programa Al Punto viajó a México donde el 5 de julio participó por tercera ocasión en la Mañanera. ¿Los temas? Las muertes por la violencia y la Covid-19. Ramos dedica al tema su columna de este jueves en The New York Times («¿Sigue teniendo sentido la Mañanera de AMLO?). Empieza: «… cuando un Presidente habla, a los periodistas nos toca cuestionar. Así es el periodismo y así es la democracia». En México la prensa no cuestiona al poder. En muchos casos es caja de resonancia.

El autor de A la Caza del León reconoce la legitimidad del líder de la Cuarta Transformación, pero advierte: «El hecho de que sea un Presidente legítimo no implica que sea un líder efectivo, que lo haga todo bien y que los ciudadanos y periodistas no le podamos pedir información y hacerle preguntas incómodas». También se desmarca de quienes «creen que la democracia en México está en peligro con López Obrador. Al contrario, creo que ahora hay voces e instituciones que no permitirían un regreso al sistema autoritario que sufrimos de 1929 a 2000. Pero para que la democracia esté viva hay que cuestionar al jefe de Estado y a todos aquellos que tienen poder».

Ramos observa un problema: «López Obrador sigue la tradición del viejo presidencialismo mexicano y utiliza las mañaneras para imponer su agenda a los medios, hacer propaganda oficial, denostar a sus críticos, hostigar a los medios independientes (recientemente inauguró el segmento semanal “Quién es quién en las mentiras” para señalar a la “prensa injusta, la más distante, la más lejana al pueblo”) y para apabullar las ideas que no coinciden con las suyas. Además, es muy popular —mantiene un 58% de aprobación—. No existe un solo líder de la oposición en México que tenga esa misma presencia mediática. Tiene un estilo muy peculiar de gobernar haciendo constantes referencias históricas —y es el eje central de la política mexicana».

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