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Manipular la historia

Por Sergio Sarmiento

Hace 5 años

A los políticos les gusta manipular el pasado, simplificarlo, convertirlo en justificación de sus dogmas, pero la historia es reacia, compleja, sutil, llena de ambigüedades. Lo vimos el 13 de agosto.

El Gobierno de López Obrador, empeñado en ser una cuarta transformación histórica, lanzó la idea de que la “conquista de México” fue el inicio de “500 años de resistencia indígena”. El partido español Vox de extrema derecha afirmó, en cambio, que el 13 de agosto de 1521 “una tropa de españoles encabezada por Hernán Cortés y aliados nativos consiguieron la rendición de Tenochtitlán. España logró la liberación de millones de personas del régimen sanguinario y de terror de los aztecas”. Sin embargo, ni la conquista fue el inicio de 500 años de resistencia indígena, ni la derrota de Tenochtitlán fue producto de una guerra liberadora de pueblos oprimidos.

No hay duda, como dijo AMLO, que los conquistadores buscaban poder y fortuna. Es verdad también, como afirma Vox, que el imperio mexica era sanguinario y cruel, lo cual motivó que decenas de miles de tlaxcaltecas e integrantes de otros pueblos indígenas se unieran a los españoles para derrotar a Tenochtitlán. La conquista, sin embargo, estuvo tan llena de abusos como los que imponían los mexicas a sus pueblos vecinos.

Muchos europeos buscaron la aniquilación de los pueblos amerindios; pero Hernán Cortés, ese personaje que “divide a los mexicanos, envenena las almas y alimenta rencores anacrónicos y absurdos”, como afirmó Octavio Paz, se mostró siempre inclinado al mestizaje.

Cuando joven, en Cuba, escandalizó a la sociedad colonial al vivir con una india taína con la que tuvo una hija a la que dio el nombre y apellido de su propia madre, Catalina Pizarro. Posteriormente tuvo cuando menos otros dos hijos mestizos, Martín Cortés, hijo de Malintzin, y Leonor Cortés Moctezuma, hija de Isabel Moctezuma y nieta del propio emperador Moctezuma.

Cuauhtémoc es visto hoy como el primer representante de esos 500 años de resistencia indígena. Por eso su estatua en la Ciudad de México ha sido restaurada mientras que la de Cristóbal Colón permanece oculta. La historia oficial nos narra cómo Cuauhtémoc ofreció una última resistencia ante el bloqueo y ataques españoles, y convenció a los mexicas de resistir hasta la muerte; soslaya, empero, que fue capturado el 13 de agosto de 1521 mientras trataba de huir con los señores de la Triple Alianza en una piragua. Cuauhtémoc, nos dice el historiador francés Christian Duverger, estaba “lleno de vergüenza; huyó cuando le había prometido a su pueblo morir entre los suyos”.

Es verdad, como ha dicho López Obrador, que la conquista trajo consigo una disminución muy importante de la población de lo que hoy es México; por eso afirma que “fue un fracaso”. Buena parte de esa mortandad, sin embargo, fue consecuencia de epidemias. Mucha de la población que sobrevivió era o se fue haciendo mestiza.

El estudio, Componentes genético-ancestrales en México, de Héctor Rangel Villalobos (American Journal of Physical Anthropology) planteaba en 2008, que 93% de los mexicanos somos mestizos.

Tratar de reducir la historia a narrativas simplistas de héroes y villanos no ayuda a entenderla. El pasado es siempre complejo y lleno de claroscuros. Sabemos, sin embargo, que los españoles no conquistaron un país, sino un territorio en el que convivían decenas de pueblos distintos. La nación mexicana surgió con la conquista.

El muro
El 13 de agosto hubo otra conmemoración: el inicio en 1961, hace 60 años, de la construcción del muro de Berlín. Los dirigentes de Alemania oriental pensaban que, si se impedía a los alemanes huir del paraíso comunista, el régimen prevalecería, pero el muro cayó en 1989 y la Alemania comunista dejó de existir en 1991.

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