Fue un informe al más puro estilo del PRI (porras, vítores, incienso), pero además ramplón y con un fuerte tufo moreirista por cómico y vacío. El ambiente de carpa, creado por el informante, dio al traste con la formalidad de una ceremonia que merecía respeto a la investidura y a la concurrencia, quizá no tanto a los enchufistas. «La simplicidad es la máxima sofisticación», decía Leonardo da Vinci. La chabacanería es otra cosa. En ese clima de risas y sombrerazos, ¿cómo tomar en serio la adhesión a la precandidatura presidencial de Ricardo Monreal? Ni él mismo, con toda seguridad; y menos aún Andrés Manuel López Obrador, quien, como líder del PRD, ganó la primera gubernatura (Zacatecas) con Monreal como aspirante.
El tiempo dedicado a escuchar alabanzas de senadores de Morena y sus satélites (PT, Verde y PRI) e incluso del PAN, fue el mismo que duró el informe. Así de sustancioso resultó el trabajo de un año en la Cámara Alta, usada, entre otras cosas, para defender a Alonso Ancira, el propietario de Altos Hornos de México, a quien, según AMLO, ya se le acabaron las influencias políticas. Las menciones a Juan Antonio de la Fuente y a Francisco I. Madero fueron retóricas. Decir que existe democracia cuando se gana una elección y no cuando se pierde, es un embuste cada vez menos útil para encubrir fracasos provocados por la soberbia y la autosuficiencia.
En el informe previo, el senador anunció su postulación para la alcaldía de Saltillo, la cual pensaba tener como en la bolsa. Sin embargo, «Riquelme relojes», como llamó al actual Gobernador en uno de los debates de 2017, retuvo la capital con un perfil «serio». Desde la perspectiva del legislador, el discurso que debía dar era como alcalde, no, de nuevo, en calidad de senador. El golpe con la realidad -ser candidato sin AMLO en las papeletas y acaso también sin su afecto- atemperó sus ansias de ser gobernador. El desbordamiento ahora es por Monreal. Una falta de lealtad al Presidente que los sacó de las catacumbas.
AMLO dio el banderazo de salida para la sucesión presidencial, es cierto, pero también marcó la línea. Los líderes de la carrera son la jefa de Gobierno de Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, política y científica en quien sus seguidores ven a una Angela Merkel, la exitosa canciller alemana, y el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard. Por formación y trayectoria, los menos afines al coahuilense, a quien se han dedicado columnas y cartones políticos por sus posiciones desde y fuera de la tribuna del Senado, del cual surgieron varios gobernadores; entre ellos Óscar Flores Tapia.
Sin embargo, el tema en los medios de comunicación, con respecto al senador, no fue su informe, sino su implicación en el caso «Pandora Papers», una filtración de alrededor de 12 millones de archivos, entre documentos, imágenes, correos electrónicos y hojas de cálculo sobre el ocultamiento de riqueza en paraísos fiscales y, en algunos casos, de lavado de dinero. El político y empresario admitió haber creado en 2007 el fideicomiso Hawaii Trust en las Islas Vírgenes Británicas para un proyecto minero en Colombia. Omitir la inversión en su declaración patrimonial lo atribuyó a un «malentendido» de los contadores (Reforma, 04.10.21). El trabajo del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación ha puesto en la picota a presidentes, exjefes de Estado, artistas y a varias de las figuras más ricas y poderosas del mundo. En el caso de México, la Unidad de Inteligencia Financiera ya tomó cartas en el asunto.
Más sobre esta sección Más en Coahuila