En nuestro país pasan muchas cosas, y muy malas. Hay algunas que francamente escapan a nuestra comprensión. Son expresiones muy dolorosas de lo que algunos insisten en reducir a usos y costumbres (y que en realidad son delitos, infamias) y que persisten en este 2021 en comunidades aisladas, marginadas, sumidas en la pobreza y la ignorancia, y que resultan insostenibles, indignas, ya que por simple y básica humanidad deberían haberse erradicado desde hace décadas.
En algunas comunidades de la montaña de Guerrero, al igual que en algunas comunidades pesqueras de Tamaulipas y en otras partes del país se venden niñas. Sí, literalmente se venden niñas, ya sea para casarlas con los hijos de familias que pueden pagar, o bien, como estas niñas que no le importan a nadie, ni a sus propias familias ni a las autoridades, pues quedan reducidas a objetos, a mercancías y pueden ser prostituidas.
Resulta que el Presidente visitó el domingo Guerrero y, obviamente, le preguntaron sobre esta dolorosa realidad, y la respuesta no tiene desperdicio, y cito: “en las comunidades hay muchos valores culturales, morales, espirituales. Eso puede ser la excepción, pero no es la regla. ¿Que acaso entonces la prostitución nada más está con los pobres?”. Y remató con que no fue a Guerrero a ver el tema.
Cabe recordar que organizaciones civiles estiman que 300 mil niñas han sido vendidas para matrimonio en Guerrero desde hace décadas. Entonces estaríamos hablando de una excepción que se ha replicado al menos 300 mil veces, solo en la montaña de Guerrero.
Que ganas, en serio, que ganas de que al menos en este caso hubiera una respuesta directa y contundente, pero no, se trata de niñas que no le importan a nadie, ni a sus propias familias ni a las autoridades, vaya, ni al Presidente.
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