“Ángel, qué buena idea. Le diste el punto de charamusca a la discusión”.
Así le comenté hace poco a un amigo rector de una prestigiosa universidad en el norte del país, tras concluir una reunión de un Consejo para decidir un premio anual que se otorga a un ciudadano(a) que ejemplifique los valores de un estado pujante, innovador y progresivo.
Elegir al ganador(a) siempre es difícil. Y más en tiempos del Covid. Confieso que puse el desorden al sugerir: “Creo que el premio debe estar relacionado con la lucha vs el Covid y en este contexto es difícil elegir solo a un ganador(a)”.
¿Mi propuesta? Cuatro galardonados. Cuatro héroes que libraron la batalla desde diversas trincheras.
Siguió una muy interesante discusión. Al final se acordó una ganadora, que luchó contra el Covid… pero permanecía la inquietud: ¿y los otros héroes?
¿La solución de Ángel? Dejar a la ganadora, pero aprovechar la ceremonia del galardón del 2020, relacionado con el Covid, para reconocer la labor de los otros tres
candidatos.
Le dio el punto a la charamusca, ese delicioso dulce originario de Guanajuato, que al cocinarlo, si se te pasa el fuego, se quema. Igual pasa con cualquier proyecto.
¿Cómo darle en su punto a la charamusca? Primero, teniendo un equipo diverso. Perspectivas distintas siempre enriquecen cualquier análisis. Si todos son iguales, sobran muchos. Y segundo, claro, debatiendo bien.
¿Cómo lograrlo? Antes que nada, identificando cómo se puede discutir.
“Hay tres modelos. El dialéctico ve a la discusión como una guerra. El científico demuestra la valía de un argumento y el de actuación busca convencer a una audiencia”, comenta Dan Cohen (ve su charla de TED).
El profesor de la U. de Colby explica que por desgracia el modelo bélico es el más común: “Polariza y privilegia tácticas sobre estrategia”. Y dificulta lograr acuerdos.
Lo ideal es evitar estas “discusiones guerreras” que humillan. Y, sin embargo, uno no siempre controla el ambiente o a la contraparte.
¿Qué hacer? El excelente blog FarnamStreet cita a Kathryn Schulz, autora de Equivocarse: aventuras en el margen de error.
“Lo primero que hacemos si alguien no está de acuerdo con nosotros es asumir que son ignorantes, que les falta información. Y les compartimos la nuestra. Si tras hacerlo, siguen en desacuerdo, pensamos: es un idiota”.
Un camino que lleva a gritos y sombrerazos. Pero si compartir información no logra un debate constructivo, pídele a la contraparte que explique cómo funciona su postura. Este pequeño truco puede flexibilizar al más terco.
Para concluir, aquí te van las 10 reglas de oro del libro Cómo discutir de Jonathan Herring (tomados de Business Insider):
1. Prepárate. Escribe, desmenuza y enumera tus argumentos. Ah, y entiende qué es crítico y qué es sacrificable.
2. Entiende cuándo discutir y cuándo retirarte. ¿Es el lugar adecuado? ¿La contraparte correcta? ¿Hay solución?
3. Qué y cómo. Cuida lenguaje corporal, palabras y tono. Piensa en las razones de la contraparte antes de debatir.
4. Escucha y escucha. Lo que se dice y cómo se dice. El significado detrás de las palabras. Discutir sin escuchar = pleito seguro.
5. Sé un maestro al responder. Cuestiona tres cosas: supuestos, las conclusiones derivadas de los mismos y el peso de un punto en que la contraparte tenga razón.
6. Ojo con trucos dilatorios. Estadísticas irrelevantes, ataques personales, preguntas capciosas o disyuntivas falsas.
7. Desarrolla habilidad para discutir en público. Sencillo, claro y sin apresurarse.
8. Aprende a discutir por escrito. Conciso, preciso y al grano.
9. Resuelve atorones. Sé creativo, busca otro ángulo.
10. Mantén la relación. ¿Qué tan importante es ganar? Humillar o arrinconar al contrario afectará diálogos futuros.
Un consejo final: tranquilo. La máxima “el que se enoja pierde” es 100% aplicable al discutir. Una cosa es controlar y usar las emociones inteligentemente y otra que estas te controlen.
Ojalá te sirvan estos conceptos. Suerte al cocinar tu charamusca.
Posdata. Estaba la parca muy triste acostada en el panteón. Como Andrés apagó la luz, vive de apagón en apagón. Tanta luz contaminante la tiene desanimada, pues hoy basta respirar para pasar a mejor vida.
En pocas palabras… “La destrucción rápida de tus ideas en el momento adecuado es una de las cualidades más valiosas”. Charlie Munger
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