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Ceferino perdió el trabajo de sus sueños y las manos al jugar con pirotecnia

  Por Agencia Reforma

Publicado el lunes, 15 de noviembre del 2021 a las 09:07


A sus 75 años de edad, Ceferino asegura que todavía le duele recordar que a sus 40 años había logrado ser chef en un restaurante

Ciudad de México.- A dos meses de conseguir su trabajo anhelado en un restaurante, Ceferino Ramírez no pudo volver jamás. Por jugar con pirotecnia sufrió un accidente y tuvieron que amputarle la mano.

Ahora tiene 75 años de edad y asegura que todavía le duele recordar que a sus 40 años había logrado ser chef en un restaurante al que tardó dos años en entrar y que dejó tras una fiesta familiar en Noche Buena, cuando le estalló accidentalmente una paloma.

Ese 24 de diciembre compró en un tianguis cercano 300 pesos de este tipo de artificios, además de cañones y ratones. Por la noche salió a la calle frente a su casa en la Colonia Lomas de Zaragoza, Alcaldía Iztapalapa.

Encendió y lanzó una megapaloma que explotó antes de que pudiera soltarla. Lo siguiente que recuerda es despertar dos días después en el hospital. Siguieron años de cirugías, de rehabilitación.. y de deudas.

Aunque sabe del riesgo, no ha podido evitar que sus nietos y bisnietos usen pirotecnia.

“Ellos me ven, saben lo que pasó, pero los queman con precaución”, comparte.

En zonas como La Merced, el Mercado Sonora, la Central de Abasto o San Ciprián se realizan cada año operativos de decomiso. Sin embargo, el comercio no se interrumpe.

“Tengo de todo, lucecitas, los cañones, palomas, el bazucazo”, ofrece uno de los vendedores que lo mismo tiene en su mesa caramelos, pelotas, chicharrones y pólvora. Los productos se venden a menores de edad.

REFORMA observó durante 30 minutos en uno de estos puntos a adultos acompañados por niñas y niños que llegaban a comprar los artículos que los menores elegían y llevaban productos que los vendedores prometían que explotarán con mayor intensidad.

En dos de los puestos, menores de edad sin compañía de adultos compraron palomas y cañones.

Cicatrices, amputaciones parciales o totales de manos, piernas y pies, quemaduras y estallidos oculares, ceguera, perforación de órganos internos y sordera son las lesiones más comunes.

Enfermeras y médicos advierten que la manipulación es riesgosa, desde la transportación: se provoca fricción al guardarse en bolsillos y puede haber estallidos y lesiones.

“Son casos de trauma delicados, es impactante ver las lesiones que les causan los explosivos, son niños, adolescentes, llegan en shock y con la adrenalina se desmayan o no sienten el dolor inicial, pero después son horas de cirugía, terapia y no quedan igual, nunca, sólo las cicatrices y a veces sin extremidades y todo por un ratito de jugar con cohetitos, de tronar, de ver luces”, lamenta la enfermera Esperanza Valverde.

Incluso, encender y observar bengalas a una distancia mínima puede causar lesiones en los ojos, advierten autoridades médicas y los estallidos causan daño auditivo y estrés en personas y animales.

Aunque cada año el Gobierno de la Ciudad de México promueve campañas para evitar el uso de pirotecnia, son las mismas autoridades las que la utilizan, no a granel, sino en mosaicos lumínicos.

En festejos en las alcaldías y en Palacio Nacional se detonan artificios durante las celebraciones, incluso en la pandemia de Covid-19, cuando se prohibieron los festejos masivos y se vivió el confinamiento más severo.

 

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