Se entiende que, por las exigencias de lo inmediato, de lo más cercano, dejemos pasar asuntos que en primera lectura parecieran no incidir en nuestra realidad, o que los reduzcamos a meras estadísticas que se olvidan al instante, pero que en realidad son de una extrema gravedad y terminarán, tarde o temprano, por afectarnos directamente a todos, y el asunto al que me refiero es el de la pobreza.
Los datos son duros, contundentes y no admiten manipulación retórica: el país se está empobreciendo y lo hace a un ritmo que no solo debería preocupar, sino ocupar a nuestras autoridades, obviamente con estrategias distintas a las implementadas y que, por los hechos, resultan un rotundo fracaso.
Según el estudio, Cuantificando la Clase Media en México 2010-2020, del Inegi, la población considerada en este segmento social se ha desplomado durante los últimos años.
Según las cifras reveladas, 6 millones 270 mil personas dejaron de pertenecer a la clase media, mientras que la clase baja registra un aumento de 8 millones 755 mil mexicanos, de 2018 a 2020.
Sí, más allá de la retórica, de esas frases tronadoras y mediáticas, como esa de que “por el bien de todos, primero los pobres”, o los miles de millones de pesos que se destinan cada año a los programas asistencialistas, en este, el sexenio de la cuarta transformación, el país se está empobreciendo.
En tres años tenemos casi 9 millones de mexicanos más en lo que se denomina clase baja. Y esto no es retórica, son los datos duros del Inegi, es nuestra realidad, y esta no se puede ocultar por más que alguien por ahí se invente “otros datos”.
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