Coahuila
Hace 4 años
El famoso maestro saltillense Severino Calderón, además de sus dotes de buen educador y sindicalista, precursor de los servicios médicos y las pensiones para los trabajadores de la educación de Coahuila, fue jugador de rifas y sorteos. Los vendedores de la Lotería Nacional le tenían tal confianza que le fiaban los billetes de los sorteos de la semana.
Una ocasión el famoso “Canti”, así le decían al billetero, porque constantemente se andaba subiendo los pantalones al más puros estilo de Cantinflas, le dejó en la Normal del Estado, donde era director don Severino, un entero del billete de la lotería 38,341, que casi siempre jugaba. Era día de su cumpleaños y como siempre solía suceder organizaba un desayuno que se prolongaba por algunas horas y donde había una serie de amigos a los que siempre invitaba.
Entre ellos un grupo de notables músicos José Tapia R., Valverde, Cuevas, entre muchos otros. Se formaba un conjunto de cuerdas como de 9 a 11 elementos.
Y esa mañana emprenden el recorrido hacia la casa del maestro Calderón para cantarle Las Mañanitas y degustar con él el suculento desayuno, rociado con algunos vinillos. El sarao se prolongaba hasta entrada la mañana. Solo dos de los músicos, Valverde y otro que le decían “El Chivo”, no quisieron ir a dar Mañanitas a Calderón, pues argumentaron que eran de gratis y ellos tenían familia que mantener.
Al término de la reunión, el profesor Calderón les dijo a los músicos que no tenía dinero con que pagarles, tan espléndidas Mañanitas, pero que les iba a compensar con un cacho del 38, 341 a cada uno de ellos. Los maestros accedieron de buena gana.
Ese día por la noche, reunidos en el Salón Primavera de la calle Padres Flores, llegó el vendedor de lotería de nombre Roberto Leal, “El Canti”, y le dijo de sopetón al maestro Calderón, que ya era millonario, pues el número que él jugaba había salido premiado con el “gordo” del sorteo de esa noche. Todos se alegraron, menos “El Chivo” y Valverde, ahí presentes.
Cuentan que los músicos saldaron sus cuentas, otros compraron o arreglaron sus casas. Al día siguiente, la secretaria del profesor Calderón le dijo que del cachito que le había dejado para hacer una camonina entre los empleados y profesores de la Normal del estado, estaba intacto, solo ella le había entrado con 10 pesos.
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