Sin espacio para el triunfalismo ni margen para el derrotismo, el Cuarto Informe de Miguel Riquelme respondió a los tiempos por su sobriedad y decoro. En medio de múltiples tormentas y de una pandemia que todo trastoca y pone a prueba la capacidad de respuesta de los gobiernos y el liderazgo político, en la tribuna del Congreso se plantó un gobernador reposado, consciente de su circunstancia.
No vociferante ni efectista como Humberto Moreira; tampoco fatuo ni engreído como Rubén, cuya hibris acentúa su pequeñez. El tránsito frente al Congreso permaneció abierto y el aparato de seguridad actuó con discreción. Dentro y fuera del recinto se prescindió de las porras –acostumbradas por el moreirato– que daban a la ceremonia un toque de verdulería.
Evitar el enfrentamiento con el presidente Andrés Manuel López Obrador, de lo cual deben tomar nota los alcaldes y líderes de su partido, también fue un acierto. Insistir en los recortes presupuestarios y en la supresión de fondos federales para los estados habría sido redundante e inútil, pues no resuelve nada.
En cambio, presentar, en el eje relacionado con el programa Agua Saludable para La Laguna, imágenes de Riquelme Solís con AMLO y destacar la coordinación de los tres órdenes de Gobierno en un tema capital para una zona cuya población roza los 2 millones de habitantes de Coahuila y Durango, es signo de civilidad política.
El tono del mensaje refleja el estilo. Riquelme Solís sabe que su elección fue la más apretada de la historia debido a los gobiernos precedentes marcados por la deuda, la corrupción, la violencia y violaciones sistemáticas a los derechos humanos.
Distribuir la inversión en obras medianas y pequeñas –el moreirazo y el pago de intereses no permiten más– en lugar de concentrarla en una ciudad o en proyectos de relumbrón o en elefantes blancos que devienen cargas onerosas para municipios e instituciones como la Universidad Autónoma de Coahuila, atiende necesidades sociales específicas y equilibra el desarrollo regional.
El Mandatario estatal compartió con su equipo los logros de su Administración y los atribuyó a la confianza depositada en cada secretario y director para actuar con libertad. Los Moreira lo que menos tuvieron con sus colaboradores fue respeto, excepto con sus secuaces. Sus gabinetes resultaron los más inestables debido a sus complejos.
Temían ser opacados o rebasados por alguno y perder el monopolio del poder. Rubén fue especialmente déspota con los suyos y no a pocos mandó al hospital con crisis de angustia.
La megadeuda forma parte de la “nueva realidad” de Coahuila de la cual Riquelme Solís habló para referirse a la plaga de Sars-CoV-2. Aplicado al sector, el compromiso de que “la próxima generación encuentre un sistema de salud pública renovado y bien preparado para seguir enfrentando la pandemia y cuidar la salud de las familias, pues el Covid no ha terminado”, brinda una idea de cómo recibió el estado. El objetivo es a 20 años.
Con respecto a los indicadores de cobertura de vacunación, recuperación económica, empleo y calificaciones crediticias, los indicadores corresponden a un estado sólido y a una Administración ordenada.
Riquelme Solís resumió en 11 palabras, dirigidas a su esposa Marcela Gorgón, cuyo desempeño en el DIF también ha sido discreto, su ánimo frente a las adversidades –vencidas y por superar– y acaso también su insatisfacción por no ofrecer mayores resultados, cuando le expresó su gratitud “por entender los tiempos que nos tocaron para servir a Coahuila”.
Tiempos caracterizados por la estrechez financiera a causa del moreirazo que maniata a la Administración y le impide realizar proyectos inaplazables y atender de mejor a los más necesitados. “Soporta y resiste –aconsejaba Ovidio–: ese esfuerzo te será muy útil un día”.
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