El nombre de taco se atribuye a don Hernán Cortés.
Según la historia, el conquistador en un momento de apaciguamiento, o sea calma, dentro del fragor de la guerra que mantenía con los aztecas, mandó hacer carnitas unos cerdos que le enviaron de Veracruz a la Ciudad de México, que servirían como un manjar y para alimentar a parte de la hambrienta tropa invasora.
Cuando los cocineros dijeron que estaba todo listo, surgió el “pero”.
–¿Rediez, pero con qué nos vamos a comer las carnitas?–, clamó el capitán Cortés.
Uno de los indios tlaxcaltecas que se aliaron a los conquistadores, le dijo que las mujeres habían terminado de hacer las tortillas del muy mexicano maíz.
–Pues tráigaselas, pidió don Hernán, las tortillas primero desde luego. (Las mujeres después).
Y acto seguido dijo:
–“Me voy a hacer un taco” y puso carnitas sobre una de las tortillas.
Y taco se le quedó a este rico manjar que es una preparación muy mexicana y que le ha dado la vuelta al mundo. En Estados Unidos hay cadenas de comida rápida que venden tacos, pero nada que ver con el nuestro.
Esto me lleva a recordar al pionero de los tacos de bistec de res que trajo a Saltillo, como toda una novedad, el veracruzano Ángel Reyna Hernández, y que desató una gran serie de imitadores por toda la ciudad.
El famoso locutor Jaime Araiza Valverde mantiene su famosa taquería Pancho Tacos, que no le pide nada a nadie en sabor y calidad. Ahora está por Abasolo, al norte de Valdés Sánchez, la calle de los tacos en Saltillo.
Y si de gastronomía casera se trata, viene a mi mente aquel famoso taquero que la raza denominaba “Manos Prietas”, que vendía asadura de puerco hervida, sobre blancas tortillas de maíz. Unas tijeras de madera, y sobre ellas un canasto de mimbre, donde guardaba las tortillas, una tablita para picar la carne y un bote de cuatro latas sobre un anafre era su restaurante portátil. Del recipiente extraía las vísceras del puerco y de sus manos morenas le escurría la grasa, de ahí el apodo “Manos Prietas”. La salsa de manos prietas no tenía madre.
La Especial, cantina y taquería, vendía tacos de orejas de puerco lampreadas, así como asado de puerco con sopa de arroz, todo rociado con aguas frescas de frutas naturales.
¡Tacos Joven!, era el negocio de don Leocadio Hernández. Tacos dorados rellenos de carne deshebrada y frijoles, donde la salsa de chile cascabel jugaba un papel muy importante para el paladar.
En Saltillo hay tacos del guiso que usted quiera, si no pregúntele a los Pioneros o a Checo.
¿Y los taquitos colorados de la Alameda Zaragoza?
Mejor aquí le paramos, porque ya me dio hambre.
¿Gusta usted un taco de cachete de puerco?
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