Covid-19 nos ha obligado a modificar muchas de las actividades que realizábamos antes del confinamiento. La convivencia se ha vuelto más aislada, debemos cuidar la forma en la que salimos y entramos de nuestros hogares y hemos de vigilar hasta la manera de respirar, hablar y ya no se diga de toser, pero uno de los cambios más significativos y trascendentes es en la educación, ahora híbrida o a distancia.
La educación virtual ha generado beneficios para todos. Los jóvenes, gracias a su capacidad de adaptación y su familiaridad con la tecnología, acogieron rápidamente los nuevos modelos de enseñanza. Para algunos ha resultado más fácil la asistencia a clase en ciertos horarios de manera remota en lugar de presencial, como por ejemplo a las 7 de la mañana, los sábados por la mañana o viernes por la tarde, ya que resulta más cómodo no salir de casa.
Para otros –jóvenes o mayores–, la educación virtual ha representado la oportunidad de continuar con estudios truncos, tomar clase en horarios programables conforme a sus necesidades o acudir a escuelas que en tiempos sin pandemia nunca hubieran imaginado accesar.
Se ha anunciado por distintas autoridades educativas en el país, que el próximo lunes iniciarán las clases en diferentes estados y se ha comunicado –dependiendo de la institución educativa de que se trate– que el regreso será presencial –con los protocolos establecidos para continuar con el cuidado a la salud–, semipresencial –a fin de favorecer la convivencia y cuidado a la salud– y en los casos en que así se requiera, seguirá siendo remota.
Hace año y medio, mucho se aseguraba que para estas fechas ya casi habríamos vuelto a la normalidad –con crisis y problemas económicos en casi todos los países– pero muy apegado al entorno físico que vivíamos antes del confinamiento. En este momento, la “nueva normalidad” aún no termina de reconfigurarse y debimos aislarnos nuevamente, cuando menos una semana o cinco días con la aparición de Ómicron. ¿Cuántas veces deberemos hacer frente al confinamiento y en qué circunstancias en el futuro inmediato? No lo sabemos y tampoco tenemos la certeza de que así pueda ser. No imaginábamos que la variante nos haría recluirnos otra vez, aunque fuera en menor tiempo y bajo otras condiciones.
De lo que sí podemos tener certeza, es de que ese mundo cambió y nosotros deberemos hacerlo también en diversos aspectos, ya que además de tener previsiones en el tema de la salud, habremos de prepararnos para circunstancias que modifiquen el entorno aunque sea en forma momentánea y repentina, y será mi obligación prepararme para más cambios.
La utilización de plataformas, el uso de videollamadas grupales, las reuniones en línea, serán una constante en nuestras vidas, volvamos a la normalidad, a la nueva normalidad, aparezcan nuevas variantes o se desate otra crisis, ¿qué tan preparados estamos para utilizarlas? Los maestros, por ejemplo, padecieron al inicio de la pandemia lo que se denominó “Alfabetización mediática e informacional”, que es la enseñanza aprendizaje sobre dispositivos tecnológicos. Escuelas y universidades prepararon a los maestros para hacer frente a la contingencia inmediata.
Hoy vemos y entendemos, que las clases en línea cuentan con condiciones muy distintas para educar y aprender. ¿Es suficiente la preparación que hasta ahora tenemos, alumnos, maestros y padres o supervisores? Estoy segura de que miles de maestros ya cuentan con cursos, capacitación y manejo de diapositivas, pero pocos cuentan con un cursos o manejo de aplicaciones con imágenes y sonidos al momento de dar clase –de los cuales encontramos muchos en internet en forma gratuita–. El aula de clase nunca será igual al entorno virtual y el interés del alumno será esencial para su aprendizaje.
Por otra parte, padres y estudiantes nos hemos dado cuenta que no es suficiente un solo equipo de cómputo; que la conexión a Internet es útil, necesaria y casi vital para nuestras actividades cuando tenemos acceso en casa a ella, pero independientemente de lo que estemos previendo cada uno en lo individual y lo que estén haciendo los gobiernos para dar acceso a su población a las tecnologías de información, ¿los padres estamos preparados para revisar y supervisar tareas, objetivos, reuniones y conversaciones en línea de nuestros hijos?, probablemente no. Pero lo mejor, es que ahora encontramos tutores, tutoriales, programas y aplicaciones gratuitas para desarrollar estas actividades.
La pandemia ha dejado sin duda grandes enseñanzas para todos y el regreso a clase, es un buen momento para reflexionar sobre qué necesito prever o aprender para seguir adaptándome a las nuevas circunstancias.
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