QUE TAL MIS AMIGOS Y AMIGAS: viendo unas fotos del recuerdo de mi viaje a San Francisco, California, una de las ciudades mas lindas que me ha tocado visitar, siempre me ha encantado viajar, creo que más que las cosas materiales, los viajes y lo que aprendemos en ellos, las personas que vamos conociendo, son una de las bellas riquezas de la vida, y les decía que, al ver mis fotos de ese bello viaje, empecé a recordar la visita a la isla de Alcatraz. Hace algunos años, creo escribí algo de este viaje, pero tal vez ustedes no lo habrán leído, o tal vez, pero siempre hay algo diferente, una enseñanza distinta, un recuerdo diferente, y describir un viaje o lo vivido en él, jamás será suficiente dos cuartillas que es el espacio que tengo en la columna, y que a decir verdad para mí, y sé que para muchos de ustedes, ha sido una bendición porque me hacen el favor de retroalimentarme con sus bellos mensajes que atesoro, de lo mucho que mis columnas les han ayudado y acompañado en estos 5 años y medio.
Si los muros de la cárcel de Alcatraz hablaran… más que hablar romperían en llanto, un llanto desgarrador sin duda. Al ir pasando por los pasillos, y ver las celdas vacías, heladas, pues era febrero, y hacía un aire gélido afuera, pero adentro no era menos ese frio, pero no hablo del frio del clima ahora, sino de la frialdad que se sentía, esa energía y traspasaba el cuerpo de quienes estábamos ahí, denso, con aire de una gran tristeza, de lo vivido, obvio, tragedias, ya que al ir caminando por la cárcel, ibas escuchando los audios, conforme pasabas por cada lugar te iban diciendo lo acontecido ahí.
Recuerdo que pedí permiso de entrar a las celadas de alta seguridad.
Eran de puertas herméticas, de gran grosor, pesadísimas, como blindadas, con una ventanita con alambres gruesos, que daban al interior de la cárcel a una como explanada, pero techada. Y por un minuto, me quedé ahí con la puerta casi cerrada, y el sentir de estar ahí, fue aterrador, sentí cómo los muros hablaban, fue una sensación como si en ese minuto, o dos, los reclusos que estuvieron en esa celda individual, me hubieran contado parte de su infortunio, esa vida de encierro, desolación, desesperanza, arrepentimiento, violencia o de injusticia. Las celdas, median 2.7m por 1.5m y 2.1 m de alto.
Había otras celdas con solo rejas, donde sí se podía ver al interior, cero privacidades. Estas me dieron escalofríos también porque en una de ellas estaba recreada, es decir, tenía en la cama, que más bien recuerdo era como un catre, una peluca simulando un recluso y una máscara, escalofriante, y también vi una de las celdas por donde se presume, que se escaparon algunos reos. El patio tenía una puerta que daba a unas escaleras y estas al mar, ahí también me tomé fotos donde atrás, a muchos, kilometros se veían los edificios de San Francisco. Uno de los que se fugaron fue Al Capone y de ahí se cerró la cárcel, para después convertirse en museo.
La libertad es un tesoro invaluable, es un privilegio, después de estar en un lugar así, donde se cometieron, seguramente, muchas injusticias, historias desgarradoras, por eso los invito a tener cuidado de nuestros pensamientos que se vuelven acciones, y los resultados de ellos pueden hacer la diferencia, es decir, si actúo bien, seguiré libre, si no actúo bien, si infrinjo reglas, pudiera perder mi libertad, y no solo hablo de estar confinados, sino también se puede encerrar en su propia cárcel con el odio y el resentimiento, de encerrarnos en nosotros mismos. Incluso hay personas que en su propio hogar son privadas de su libertad, por los mismos familiares, lo hemos visto en noticias.
Cada casa, cada lugar, tiene sus historias, los muros de los diferentes lugares tienen historias, desde violencia intrafamiliar que es de lo mas triste e injusto que puede haber. Quien haya estado privado de su libertad aun estando en su hogar por su pareja, imaginen ustedes, si conocen a alguien que esta sufriendo dentro de los propios muros de su “hogar” pueden demandar al 911, su llamada puede ser anónima, pueden salvar la vida de alguien.
Ahora los muros de las casas se comparten, y muchas veces se puede escuchar, sin quererlo, algo de lo que sucede tras un muro. Cada vez que visito un lugar siempre me llevo un aprendizaje. Todo tiene una recompensa o bien una sanción, cuidar nuestros actos para no caer en la privación de nuestra vida, de disfrutar la libertad tan bella, poder ir y venir a nuestro antojo, sin la paranoia de que alguien nos sigue o quiera hacer daño.
Vivir en esa paz del alma, recurrir a la ayuda espiritual, siempre hay buenas personas que pueden ayudar.
Hay que solicitar ayuda, la misma depresión les impide en ocasiones hacerlo. Para eso estamos los profesionales de la salud, acudan con el siquiatra, o terapeuta.
Agotar las instancias para ayudar al prójimo, y cuando ya se han agotado, entonces solo el de arriba pudiera ayudar, eso es fe en que hay alguien que lo puede todo. Si los muros hablaran, también verían la parte bonita, donde los amantes se encuentran disfrutando. Verían a una madre velar el sueño de su bebe. Si los muros hablaran también podrían decir que hay niños corriendo tras su perrito y acariciándolo hasta quedarse ambos dormidos, ver cómo un hermano mayor ayuda a su hermanito menor. Escucharían los rezos de una madre a Dios, o a la virgen María para que cuiden de su ser amado, o darle la sanación del cuerpo.
Podrán decir que se escuchan ronquidos, las mañanitas cuando algún miembro de la familia cumple años. En fin, si los muros hablaran… como me encantaría que todos los muros existentes, pudieran decir que han escuchado risas, te amo, buenas acciones,, madres abrazando a sus hijos, los nietos jugando con sus abuelitos. Si los muros de tu “hogar” hablaran, ¿qué dirán? ¿Te agrada lo que dirían? Sino es así aún estamos a tiempo de que lo que puedan decir sean puras cosas bellas. Alegrías infinitas que perduren en el alma y los recuerdos más hermosos en nuestra mente.
Les dejo un abrazo fraterno, hasta la próxima. su amiga Verónica, Diosito por delante.
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