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Coahuila

Toro, plaza y afición

Por Jorge de Jesús 'El Glison'

Hace 4 años

Este fin de semana se llevaron a cabo los festejos del 75 Aniversario de la Monumental Plaza México. Hay muchísimo que relatar del gran triunfo del novillero Arturo Gilio el viernes en la novillada nocturna, la corrida de altibajos del sábado y ahora mismo estoy escribiendo estas líneas mientras están toreando el primer toro del domingo, voy a entrar en la plaza y la semana que entra en este espacio les participaré de lo sucedido. Mientras tanto como un homenaje a la plaza México, a la Fiesta Brava y al Toro de lidia les comparto hoy estos poemas.

Toro bravo y torero

Y dicen que nos peleamos que nos odiamos, que la muerte el uno al otro deseamos; no se imaginan que en realidad nos amamos, que nos necesitamos, que si no fuera por ti con mi vida no sé qué haría, y si no fuera por mí tú ya no existirías.

Y dicen que es algo falso, que es predispuesto, que es arreglado y hasta barbárico, no entienden que es un llamado desde el pasado, que es instintivo, que es visceral, que rebasa el querer pensar, que existe desde el principio de nuestras vidas, desde el momento que nos cruzamos en el camino ya varios miles de años atrás.

Cierto es que tú me has herido, y cierto es también, que yo te he matado, pero ambos sabemos que al huerto de nuestra pasión, hay que regarlo con sudor, sangre y dolor, y es tan solo el precio justo para poder ser y hacer, simple y llanamente lo que queremos, yo torero y tú toro bravo.

 

Reloj del ruedo

De entre toda esa gente solo somos tres, a veces dos y en raras ocasiones estamos completamente solos.

Esperando que suene la música, no para que comience la corrida como para todos los demás, sino para que alguien en algún lugar voltee nuestro propio y único reloj de arena.

Asistimos a nuestra cita primitiva para sortear ese único compromiso visceral: matar o morir, de cualquier forma habrá vencedor y vencido, de cualquier forma habrá vida y muerte, y si hay suerte los granos de arena no habrán pasado por completo y se detendrá nuestro reloj hasta que alguien mas en otro lugar lo vuelva a voltear, cuando acabe la tregua y el tiempo se empiece a descongelar.

 

La plaza nuestra casa

¿Qué es una plaza de toros? No es solamente un edificio de madera, de concreto, de hierro o de cantera, no, es mucho más. Pa’ los toreros es nuestra iglesia, nuestro altar, la catedral donde oficiamos el arte de torear.

Es nuestra casa, nuestro hogar. Es una prisión que nos da la libertad, puede ser el lugar donde a la fama nacemos o también alguna tarde moriremos.

Es donde dejamos la sangre regada, donde los sueños se cumplen o las pesadillas se tornan en la más cruenta realidad.

Una plaza de toros es pa’ nosotros los toreros un paraninfo para estudiar y aprender, un teatro, un escenario, un tablao pa’ danzar, personificar y actuar. Un castillo, una fortaleza, un pantano, un lodazal, una tormenta, una tumba, una cuna y el paraíso terrenal. Un tribunal donde te van los jueces a juzgar y muchas veces se torna en mausoleo pa’ sepulcrar.

En una plaza de toros un torero se puede enamorar en la misma tarde, no solo una, sino varias veces al azar, en sol, en sombra, en barreras y también en general.

No hay un solo lugar en este planeta y tal vez tampoco en el universo entero, donde coexistan a la vez la tristeza y la alegría, las sonrisas y el dolor, el miedo y el valor, la amargura y la ilusión, el heroísmo y la pasión.

En donde más es que se mezclan en artística armonía la música en el silencio, aplausos con abucheos, los gritos y susurros en la gloria y en el triunfo, con los del fracaso y la derrota, la sangre teñida en vino, la sensualidad en excitante sudor y el amor por la vida en toda su expresión, por el indulto o por la muerte.

En una plaza de toros se queda por siempre impregnado todo lo que sucedió en la arena, en el callejón, en los palcos, en las gradas.

Una plaza, aunque esté vacía sigue viva, todavía se pude oler, sentir, percibir, la historia, la tragedia, el gozo, el éxtasis, la locura, la pasión desenfrenada.

Si cierras los ojos y te concentras puedes volver a oír los olés cuando van subiendo de tono, y también cómo se cimbran y retumban en el piso, y los burladeros, las pezuñas y los cuernos de los toros.

Cada plaza tiene su aroma, su personalidad, su idiosincrasia, su sabor, su paladar, unas son como un río o son como el mar, que fluyen con la corriente o que son como olas, que van en tandas, unas violentas y otras templadas.

Hay plazas cascada, plazas colina, plazas montaña, plazas volcán, plazas que suben y bajan, donde hay precipicios, pozos, valles, barrancos y laderas escarpadas, hasta llegar a las cumbres doradas.

Por todo esto y mucho más, sé que no hay mejor lugar para realizar esta ceremonia singular de la amorosa lucha entre dos guerreros hermanados, como son los toreros y los toros bravos.

En ningún otro lado se puede vivir con mayor intensidad y plenitud, y no hay tampoco otro sitio más gallardo y más honroso para trascender y bien morir… ¡que en una plaza de toros!

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