Pues quién sabe qué nos estará pasando como sociedad, pero vamos de mal en peor. Cada vez se registran más hechos de violencia, de la desproporcionada, absurda, que nace y se expresa en seres sin visión de futuro, con ira explosiva, de las que no miden consecuencias; de bestias que son rehenes de sus propias inseguridades y prejuicios, de su ignorancia e incapacidad de procesar racionalmente lo que sucede en su entorno y que encuentran en hacer daño la única válvula de escape a sus particulares infiernos.
Un tipo, Emilio, de 36 años, invita a bailar a una jovencita de 19 durante una fiesta en la colonia La Madrid. Estaba muy tomado y fue rechazado. Este tipo le dispara en dos ocasiones, la lesiona en brazo y pecho y luego se suicida.
Otro tipo, de 58 años, decide, borracho, orinar en la vía pública, en la colonia Santa Cristina. Un vecino lo sorprende y simplemente lo mata de un golpe en la cabeza. Y así, decenas y decenas de casos como estos, que salpican nuestra cotidianidad y que refieren qué, como sociedad, vamos de mal en peor.
Sí, violencia en las calles y los hogares, desproporcionada, absurda, motivada por cuestiones banales, como si el contexto socioeconómico y cultural quedara reducido a su expresión más baja, a una fábrica de bestias, y que estas están sueltas, dispuestas a matar o morir por cualquier cosa.
De plano, quién sabe qué virus social nos está invadiendo, pero por los hechos, infecta a cada vez más personas y las convierte en bestias incapaces siquiera de intentar procesar racionalmente lo que sucede a su alrededor, desgraciadamente.
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