Daniel Barenboim, Aaron Copland, Philip Glass, John Eliot Gardiner, George Gershwin, José Rolón y Astor Piazzolla, tienen en común a una mujer que fue pilar para la música en el siglo 20: Nadia Boulanger, la mujer más influyente en el mundo musical del siglo precedente.
De una mente prodigiosa, a los 12 años tocaba de memoria todo el Clave Bien Temperado, 48 preludios y fugas de Johann Sebastian Bach.
Nadia fue alumna del amigo de su familia Gabriel Fauré y más tarde, con apenas 13 años, suplente del compositor como organista en la iglesia de la Madeleine. Con apenas 16 ganaría el Gran Premio de Roma de Composición, el cual también ganaría su hermana Lili Boulanger, siendo esta la primera mujer en ganar tan perseguido premio.
Nadia Boulanger, a pesar de sus capacidades para la composición, luego de la muerte de su amada hermana, decidió dejar la creación musical y enfocarse en la dirección orquestal, la interpretación musical y la pedagogía. En este último aspecto de su quehacer artístico es donde dejó su más profunda huella.
Por su casa, que cada miércoles se llenaba de alumnos e intelectuales, pasaron cientos de alumnos a lo largo de su intensa vida de enseñanza. Más de mil 200 alumnos que fueron instruidos de manera enorme por la madre musical del siglo 20. Una soltera a quien siempre llamaron Mademoiselle y quien era una fervorosa creyente católica, quien enseñó hasta el último momento de su vida a sus 92 años.
Todos los músicos que han recibido su instrucción le agradecen su capacidad de guiarlos por el camino que cada quien deseaba seguir. Quizás Mademoiselle Boulanger conocía aquel pasaje bíblico que dice: “Instruye al niño en su camino y aún cuando fuere viejo, no se apartará de él”. Y eso hizo, respetar la búsqueda de cada discípulo que tuvo y guiarlo de manera completa para que lograra su propio deseo.
Así, Mademoiselle, fue maestra de figuras tan diferentes como Elliott Carter, Gershwin, Piazzolla o Philip Glass. Una figura que siempre será recordada por no influir de manera categórica en quienes la buscaban para nutrirse de su conocimiento y por permitir que este siglo tan convulsionado en tantas ocasiones, pudiera tener voces tan amplias en el mundo de la música.
Un día como hoy es buen momento para recordar a esta mujer que fue no simplemente un pilar, sino la madre musical del siglo 20, y es que hay personas que dejan una descendencia inmensa sin haber procreado un hijo.
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