Va como mera referencia un hecho de la Segunda Guerra Mundial: cuando Alemania invade Polonia en 1939, un regimiento del Ejército polaco decide enfrentar al invasor, no con armas convencionales, con armas tradicionales, y decenas y decenas de soldados, jóvenes, lanzaron una carga de caballería contra los tanques alemanes Panzer, en ese momento los de mayor tecnología y blindaje del mundo.
Fue un gesto heroico y suicida; una suerte de gran afirmación, de que defenderían su patria con lo que tuvieran, hasta la última gota de sangre. Bueno, pues los invasores no se conmovieron ante tal gesto de valentía y masacraron a todos los de ese regimiento.
Toda proporción guardada, algo hay de ello en esas imágenes que salpican los noticieros en el mundo, de ciudadanos ucranianos fabricando bombas molotov para enfrentar los tanques rusos. De ciudadanos desarmados que con sus cuerpos intentan frenar el avance de un convoy militar del invasor. De esos ciudadanos jóvenes que hacenm fila para recibir un fusil e ir a la trinchera.
Ya son 8 días de guerra, de esta moderna versión de David contra Goliat y aunque lo más probable es que el resultado no sea el mismo que en el pasaje bíblico, no queda más que sentir respeto, mucho respeto por esos jóvenes, esos ciudadanos que han decidido enfrentar, como puedan a uno de los ejércitos más poderosos del mundo.
Ojalá que las imágenes de esa suerte de gritos de valientes no solo conmuevan y preocupen, y el mundo logre imponer una solución, rápido, para frenar esta barbarie.
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