1. Esta semana se escucharon las campanas de todas las catedrales e iglesias de Europa, como un gesto de solidaridad hacia Ucrania. La iniciativa surgió en Alemania con el objeto de sensibilizar a toda Europa. El comunicado de la Asociación de Arquitectos de Catedrales, difundido desde principios de semana, fue claro y contundente: las catedrales más prestigiosas de Europa deberán hacer tocar sus campanas a lo largo de siete minutos, uno por cada día que ha padecido Ucrania la guerra. “Cuando las naciones se incendian, las campanas deben de tocar en son de alarma. Cuando hay una guerra, las catedrales son el símbolo de la paz”, decía el texto lanzado por Martin Bacot, secretario general de la Asociación.
2. ¿Existe realmente el fantasma de Kiev?, se pregunta el diario Libération. Desde el 25 de febrero, al otro día de que empezara la invasión del Ejército de Putin contra Ucrania, las redes sociales descubrieron a un héroe bautizado con el nombre del “fantasma de Kiev”, un supuesto piloto de la Fuerza Aérea Ucraniana quien aparentemente derribó desde su MIG-29, en tan solo 30 horas, entre cinco, seis y hasta 10 aviones rusos de guerra en la región de Luhansk, bastión independentista. ¿Quién era este piloto tan experimentado, tan valiente y certero? ¿Estaría enviado por una asociación secreta desconocida por la inteligencia rusa, la cual suele ser tan sagaz? ¿Quién era esa especie de barón azul y amarillo que no fallaba una sola de sus descargas? Lo primero que surgió como evidencia fue un video, que se hizo viral, con más de 826 mil vistas. La escena, publicada inicialmente en YouTube el 25 de febrero con el título El fantasma de Kiev, mostraba un avión militar derribando a un avión ruso. A pesar de la emoción que provocó en la población ucraniana que la vio, por increíble que parezca, jamás existió en la realidad. Fue creada gracias a un juego de video (Digital combat simulator DCS World), el cual permitía reproducir combates aéreos virtuales, pero ultrarrealistas. No obstante, los ucranianos deseaban desde el fondo de su corazón que fuera verdad, a tal grado que rezaban por el fantasma de Kiev. ¿Quién era ese arrojado piloto, del que más tarde se publicaron hasta unas fotos de 2019? En Twitter se dijo que era “el teniente Vladimir Abdonov, el ‘fantasma de Kiev’, cuyo nombre de batalla era ‘Coyote’ … considerado por la Fuerza Aérea Rusa como un peligro potencial para la toma de la ciudad”. Sin embargo, después de múltiples investigaciones y búsquedas, finalmente se descubrió que el héroe nacional de las fotografías en realidad era un abogado argentino llamado Pablo Abdón Torres. El tal “fantasma de Kiev” resultó ser un troll. “Todo empezó por una broma de uno de mis seguidores de Twitter, pero la noticia tomó proporciones inimaginables. Este éxito en las redes me hace reír, pero al mismo tiempo me molesta porque veo que los medios no confirman nada. Pero si esta historia aportó consuelo y esperanza a Ucrania, tanto mejor”, dijo el supuesto “fantasma de Kiev”.
3. Desde hace muchos años, el filósofo francés Bernard-Henri Lévy, gran conocedor de zonas en guerra, ha advertido al mundo de la maldad y de lo peligroso que puede ser Vladimir Putin. De allí que el triunfo como Presidente de Ucrania de Volodimir Zelenski, lo llenó de esperanzas. Es tal su empatía hacia este personaje que se ha entrevistado con él tres veces, una antes de ser Presidente y dos como jefe de la nación. He aquí un fragmento de su última entrevista en la que se refirió así sobre Putin: “Este hombre no ve: tiene ojos, pero no mira y cuando lo hace, su mirada es helada, sin ninguna expresión”. Más adelante le pregunta a Zelenski:
-¿Cómo es posible que un joven judío cuya familia fue asesinada durante el Shoah, se convierta en el Presidente del país donde ocurrió el Babi Yar (la matanza de 150 mil judíos en manos de los nazis)?
-La respuesta es muy simple. Hay menos antisemitismo en Ucrania que en Francia y sobre todo menos que en Rusia, ¿no fueron acaso las unidades ucranianas del Ejército Rojo las que liberaron Auschwitz después de todo?
Bernard-Henri Lévy concluye: “Zelenski prefiere morir luchando que sufrir el deshonor de una rendición forzada”.
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