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Coahuila

Aprender a valorar

Por Cholyn Garza

Hace 4 años

“Cuando el poder del amor sea más grande que el amor al poder el mundo conocerá la paz”
Jimmy Hendryx

No hay duda de que la vida es realmente maravillosa.  El solo hecho de despertar y poder contemplar las maravillas que Dios nos regala día a día, es una gran bendición.

Sin embargo, las prisas a las que nos enfrentamos todos los días, no nos permiten detenernos un momento para valorar todo aquello que está ahí a nuestro alcance, quizás un día no muy lejano ya no lo podamos disfrutar.

Queramos o no la pandemia del coronavirus -que hay que tener en claro no ha concluido aún- nos ha mostrado algo muy importante: Que todos de alguna manera somos vulnerables.  Nadie escapa de un virus que llegó para quedarse, según dicen los expertos y con el que tenemos que aprender a convivir. 

Dos años han transcurrido ya de aquel día en que las autoridades decidieron tomar una medida muy significativa: Aislar a la población, cerrar negocios para evitar la propagación del virus.  Pronto nos dimos cuenta de nuestra triste y dolorosa realidad: El sector salud no estaba preparado para enfrentar una situación como la que se estaba presentando.

Lo mismo enfermaron ricos, personas de clase media o gente humilde, mostrando al mundo algo que con frecuencia olvidamos: Que todos somos iguales y ante la adversidad, sólo hay un rostro, el de la tragedia.

Hoy, un nuevo peligro acecha a la humanidad; es el riesgo terrible de una guerra que a todos nos va a afectar.  

Observar el éxodo de miles de personas obligadas a abandonar su país para salvarse de una guerra, resulta verdaderamente doloroso.  Ucrania está pasando por momentos de angustia por la amenaza latente de una guerra que bien podría convertirse en nuclear si continúa Vladimir Putin en su obsesión de invadir un país, cuyos habitantes están dando muestra de valor, de coraje, de amor a su patria, defendiéndola con lo que tienen, a pesar de la superioridad bélica de Rusia.

Duele ver familias desintegradas, mujeres con hijos dirigirse a algún lugar en busca de asilo.  Los hombres, se quedan en su tierra para apoyar a su ejército.  ¿Volverán a reunirse algún día? Nadie lo sabe, sólo Dios.  Quizás sobreviven todos o algunos de ellos, otros quizás lleguen a formar parte de la estadística fatal de un pueblo que está dando la batalla a un ejército que los supera no sólo en armas, sino en entrenamiento.

Me pregunto ¿en una guerra quién gana? Y la respuesta creo es sencilla: NADIE. Porque las guerras dejan heridos, muertos de ambos lados, pero además un dolor muy grande en el corazón de las familias arrojadas de sus comunidades.

Maravilloso observar la Misericordia de Dios, porque a pesar de los bombardeos a ciudades de Ucrania, por lo tanto, las condiciones difíciles para atender heridos, la llegada de un nuevo ser es una gran bendición.  Dios, aún cree y confía en la humanidad, por eso hay que orar, pedirle a Él que ponga un “freno” a las ambiciones de hombres que aman el poder y le apuestan a la destrucción.

La escena de cadáveres en bolsas para llevarlos a una fosa común es verdaderamente desgarradora; pensé en cada familia que no volverán a ver a su ser querido.  Padres que se despidieron de sus hijos o hijos en edad de ser reclutados para defender a su patria, vieron truncados sus sueños.

El dolor queda, muy arraigado y sólo con gran fortaleza se podrá salir adelante, sin rencores y sin odio.

¿Qué se puede llevar en una maleta? Uno o dos cambios de ropa, un par de zapatos extra, documentos y algo más, cosas materiales, sólo lo necesario.  En realidad, se lleva la propia vida.  Atrás se deja el patrimonio, todo aquello por lo cual se lucha en la vida “para ser alguien” “para tener algo”.  Todo queda reducido a nada, o a casi nada. Si se logra salvar la vida, es ganancia para volver a empezar. 

Nadie sabe si habrá un mañana.  Ésa es la realidad.

Nos ha tocado vivir situaciones muy difíciles y dolorosas.  Tal vez la humanidad necesitaba una buena sacudida para comprender que lo más valioso que tenemos los seres humanos es la salud que significa VIDA. Con la pandemia lo vivimos; muchos amigos, conocidos, perdieron la batalla ante el Covid-19 o SARS-CoV-2.  Gracias a Dios, otros más, sobrevivimos.

Aprendamos a valorar lo que tenemos, tomando en consideración que nada habremos de llevarnos.  Las cosas materiales se quedan, los seres humanos nos iremos cuando Dios nos llame.

Me pregunto si tan difícil es vivir en paz; si vale la pena destruir ciudades, amenazar con el exterminio de la humanidad sólo por ambiciones personales. ¿Vale la pena dejar morir niños al negarles su tratamiento? ¿Vale la pena entregar parte del territorio a las bandas criminales?               

Valoremos lo que tenemos, nuestra familia, nuestros amigos, nuestros vecinos. La vida es corta, no importa cuánto se viva.

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