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Coahuila

Lo que el viento a Juárez

Por Alejandro Irigoyen Ponce

Hace 4 años

Pues sí, hay algo muy podrido a nivel de hueso en nuestra sociedad y que se expresa en la corrupción como una suerte de cáncer que carcome las entrañas del país, y lo hace desde hace muchas, muchas décadas. El tema es que, gracias a esta enfermedad social, centenares, miles de hombres y mujeres, han logrado amasar poder político y económico hasta niveles verdaderamente obscenos en un país como el nuestro, en el que la pobreza y marginación marcan a hierro la vida de la mayoría.

Desgraciadamente esto resulta una suerte de axioma, y precisamente por eso hay algo que no cuadra en las formas en las que actualmente se combate la corrupción. Se apuesta al descrédito, al anatema, al señalamiento flamígero, pero no se procede como se debería, por la vía legal, mediante la cual se pueda verdaderamente resarcir el daño, recuperar bienes mal habidos y que los culpables paguen sus excesos donde deberían: en la cárcel.

Tal vez lo que no han entendido los que agotan su lucha contra este cáncer social en el señalamiento, en el recurso retórico que inflama las pasiones de un pueblo muy agraviado por esa clase política y gobernante, torpe, insensible y voraz, es que a los aludidos no les importa que los señalen mientras sigan gozando de los beneficios económicos, sociales y políticos de esas fortunas que amasaron gracias a la corrupción.

Y así, esos miles de hombres y mujeres a los que se señala de corruptos, a quienes se pretende lastimar ponderando cuestiones éticas y morales –precisamente aquello de lo que carecen–, siguen con sus autos de lujo último modelo, con sus mansiones, ranchos, y abultadas cuentas bancarias a nombre propio, de familiares y testaferros.

Sí, a los corruptos les hacen lo que el viento a Juárez, lo que se pueda o no decir de ellos. Después de tres años de una presunta gran cruzada contra la corrupción, pues los aludidos siguen tan campantes, como si nada.

Tal vez es muy fácil descalificar, insultar, pero muy difícil probar en los tribunales lo que se dice, y por eso no se dan los pasos que se deberían. Tal vez realmente no interesa un combate efectivo contra la corrupción, sino solo inflamar los ánimos populares… quién sabe, pero definitivamente, como que algo no cuadra.

 

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