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Coahuila

Quién es un ‘real sugar daddy’

Por Elia Martínez Rodarte

Hace 4 años

Una persona que me sigue en una de mis redes sociales me comentó su reflexión sobre los aspectos para ser un sugar daddy, que es como ser un padrote, pero con anglo. Yo le comenté que ser un sugar daddy es una forma de fomentar el trabajo sexual, porque quienes se tienen que trabajar a un viejo rancio por dinero, por comida, por favores o ropa, deben esforzarse hasta que se obligan a que les guste.

Mi lector insistió en que, los varones de cierta edad deben de ser en algún momento sugar daddys, para demostrar su hombría, como los señores de antes, que hasta tenían más de una familia. Recuerdo perfecto a mi perfecto novio de mi adolescencia con su honorable padre perfecto, quien cuando murió se le apareció la otra familia. Le comenté que los varones de antaño podían tener más de una familia porque era algo que les daba estatus de macho, amén de un poder machín, porque podía sostener dos o más hogares. Ahora los sugar daddys lo más que pueden hacer es ponerle saldo a sus morras para hablar con ellas desde el encierro. No estoy ensalzando ni romantizando a los señores de antaño: ellos, como los de ahora, no saben ni han sabido honrar los compromisos a los que se ataron al tener una señora en casa con hij@s y caen en la vieja consigna machín de echarse a todas las que puedan.

Pero en donde la cosa se empezó a poner asquerosa con este proto sugar daddy en bancarrota, era que él establecía que para que el sugar daddy fuera conveniente, era necesario que al menos el señor le debía de llevar a la novia la edad de su hijo mayor. O sea que si un señor de 40 tiene un hijo de 15, se debe de conseguir una movida de 25.

En pocas palabras, que sea hoyo aunque sea de pollo menor de edad y todas las implicaciones del asunto, ya que el truco de ser sugar daddy es que se note verdaderamente la diferencia de edades. Y como dicen los señores onda Edgar Oceransky “Pederansky”, que huela a ministerio público, que quiere decir que están dispuestos a cometer el delito de estupro y corrupción de menores para conseguirse carne fresca.

El impacto de ser sugar daddy radica en que se note la enorme diferencia de años o que mínimo parezca su hija o sobrina, para que realmente valga la pena el gasto de ser padrotín azteca. La experiencia sugar daddy para muchos no solo empieza con la alucinación de que él las puede con una menor, sino que además posee la solvencia económica para sostener un cierto nivel de padrotismo. Porque el sugar daddy pobre no lo es.

Hay muchas maneras de meterse a una dinámica de sugar daddy y mantenida, y no todas tienen que ver con la edad chiquita de las mujeres y sus padrotes rancios. La conveniencia de un señor con dinero es solo el inicio. En estos tiempos vendrán otras concesiones, pero sobre todo, acomodos convenientes.

La decisión de una relación sugar daddy y mantenida por un señor, debe ser una situación de personas adultas y en consenso. Esta forma de relacionarse busca mucho la diferencia de edades y la notoriedad de ello, porque afirma el ego machista de los señores, en especial en esa edad dorada en la que sus erecciones son asuntos de fe.

Sugar de cantina: [email protected]

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