En los 60 y 70 del siglo pasado los empleadores saltillenses buscaban personal para sus oficinas, de preferencia egresados de la Academia Comercial Gabino García de la maestra Amelia Vitela viuda de García. Los anuncios aparecían en el periódico el Sol del Norte.
De ahí, de la Gabino García, aprendió la contaduría un joven extraído de la barriada, quien gracias a esos conocimientos se encumbró en altos cargos ejecutivos en uno de los bancos que en un tiempo a pesar de ser un institución pequeña se convirtió en el número uno del país, el Banco Internacional.
Raymundo Rodríguez Melchor, un modesto pero grandioso ciudadano oriundo del barrio Águila de Oro, ahí en el lado español y portugués de la ciudad, escaló los peldaños del éxito y llegó a ser un serio ejecutivo, que no obstante solo haber cursado la carrera de contador privado, era superior a algunos contadores públicos o abogados.
Eso le permitió ser una especia de ejecutivo itinerante a nivel nacional para cubrir el cargo de gerente en las nuevas sucursales del Banco Internacional. A regañadientes aceptó el primer encargo en Concepción del Oro, Zacatecas, y este hecho marcaría para siempre la trayectoria de Rodríguez Melchor, con una foja de servicio atrayente, por no decir que fascinante.
Uno de sus primeros trabajos lo desarrolló como oficinista en la desaparecida fábrica de motocicletas ISLO, de los López del Bosque. El banco, empezó a reclutar gente. Primero se fue uno, luego este invitó a otro y este otro a Melchor, quien hizo toda una carrera financiera y administrativa. Pesé a sus amplios conocimientos adquiridos en la Academia Gabino García, confirma que aprendió de grandes señorones en el banco Internacional.
Él comenzó su ascendente carrera en el Banco de Coahuila y cuando se fusionó con Banco Internacional, fue que desarrolló todo su potencial. Con pocos meses de servicio es designado ayudante del contador general, el señor Francisco Elizalde Valero, de quien aprendió muchas cosas para reforzar sus conocimientos. Luego vendría la gerencia de Concha del Oro, y luego muchas más, hasta completar 24 años de servicio, 12 de los cuales los dedicó a instalar nuevos bancos y a adiestrar al personal y el resto como gerente de la sucursal local.
Rodríguez Melchor es ahora un gran dibujante y maneja los pinceles y el lápiz italiano con gran maestría. Algunas de sus obras están por ser concluidas para la iglesia de San Esteban,
Su carrera pictórica la inicia con grandes maestros de la plástica saltillense. El contador Raymundo Rodríguez Melchor fue alumno de las pintoras Piedad Valerio y Olga Castro, ellas a la vez discípulas de la academia de pintura de don Rubén Herrera, por lo tanto puede considerársele de la misma
escuela.
Entre muchas obras, Rodríguez Melchor fue el primero en Saltillo que pintó a Adrián Rodríguez García, narrando además la historia de este personaje. Admirador de Pedro Infante y del Quijote de la Mancha.
Melchor ya traía el don del dibujo y lo hacía en serio en la escuela primaria donde plasmaba en papel y a lápiz los rostros de los maestros. Participaba en concurso de dibujo a nivel nacional, con trabajos casi perfectos como los del luchador Santo el enmascarado de plata.
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