Para el presidente Andrés Manuel López Obrador, la movilización de funcionarios de su Gobierno y de Morena a Coahuila para promover la participación en la Revocatoria de Mandato del pasado 10 de abril la provocó el gobernador Miguel Riquelme, «del PRI», cuando pidió a la ciudadanía abstenerse de votar. Entonces, «Ricardo Mejía dijo: “yo voy, porque a mí me importa el proyecto”», declaró en la mañanera del 4 de abril. Sobre la posible comisión de delitos por algunos de sus colaboradores en el contexto de la revocación, el Ejecutivo acusó al Instituto Nacional Electoral (INE) de «no actuar con rectitud», pues mientras impedía manifestarse a quienes apoyan la transformación, los partidos y agentes contrarios jamás fueron cuestionados.
López Obrador puso la espada de Damocles sobre la cabeza del Gobernador del PRI: «(Lo que hizo) no es solo violatorio de la norma sobre la Revocación del Mandato, no solo violatorio de la veda, sino es violatorio (…) del espíritu y de la letra de la Constitución; y además, antidemocrático». Es la primera vez que el Presidente acusa de esa manera a un Mandatario local. Con respecto al subsecretario de Seguridad Pública, Ricardo Mejía, quien provisionalmente se separó del cargo para organizar el referéndum en Coahuila, mientras la violencia continúa desatada en el país y la titular del ramo, Rosa Icela Rodríguez, estaba ausente por enfermedad, el Presidente se escabulló: otras personas realizan sus funciones, dijo.
Sin embargo, entre la licencia solicitada por Mejía para impulsar las elecciones revocatorias y el exhorto de Riquelme a no participar, existió un desfase. El funcionario federal ya realizaba tareas proselitistas en Coahuila cuando el Gobernador, en el consejo político del PRI del 25 de marzo, declaró que el ejercicio era una farsa. La investidura, acotó, no es «para cumplir caprichos personales, arbitrariedades ni ocurrencias». El mismo día, en Castaños, Mejía anunció haber pedido permiso «para, como coahuilense, impulsar esta consulta (…) la obra que ha hecho el Presidente en este tiempo ha sido histórica», aseguró (Reforma, 27.03.22).
Para demostrar su lealtad al «proyecto» —¿el propio o el de la 4T?— y avanzar en la carrera por la Gubernatura —las elecciones serán el 4 de junio de 2023—, Mejía le regaló el oído a AMLO: «No hay corrupción, es un Gobierno sensible, cercano al pueblo, con un Presidente muy trabajador que todos los días empieza desde primera hora a revisar los problemas del país». El 2 de abril, Mejía recibió en el aeropuerto de Torreón al secretario de Gobernación, Adán Augusto López, quien viajó en un avión de la Guardia Nacional (GN) y más tarde encabezó asambleas informativas en La Laguna ante millares de personas para promover la consulta. Al acto asistió el general Luis Rodríguez Bucio, comandante de la GN.
De ese tamaño fue la respuesta del presidente López Obrador al Gobernador por boicotear la consulta. Los demás mandatarios de oposición no llamaron a desatender la consulta; y si lo hicieron, fue de manera soterrada. En cambio, los 18 gobernadores de Morena salieron a las calles para motivar la participación en el referéndum revocatorio, cuyo resultado, no vinculante por desairado, favoreció al Presidente. La pregunta es si el Gobierno federal tomará represalias contra los opositores, arrasados de nuevo por la ola guinda. Ricardo Mejía pidió un nuevo permiso para placearse por Coahuila en el puente del Día del Trabajo, esta vez para «defender a la 4T», cual si la delincuencia respetara los días de asueto.
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