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Coahuila

EL rostro de mi madre

Por Verónica Marroquín

Hace 4 años

Para ti, mamá (Chela), que siempre has estado a mi lado, con amor infinito.

No imagino la vida sin ti madre santa, ahora que el tiempo pasa y cada vez más rápido, miro tu rostro con más detenimiento, los años cada día te hacen más hermosa, sin duda, tu rostro ahora refleja el paso de los años que ha relajado tu semblante de los años mozos, ahora tu rostro es de una ternura, sonríes más, ya no eres tan seria con los de afuera. Increíble que solo algunas líneas de expresión se miran en él, amo ese cutis maravilloso de tu rostro, mamá, me encanta besar tu frente, sentir esa piel que de tan suave se siente como de bebé, tu mirada se ha ido relajando, ahora con más tranquilidad. Tu rostro, mamita querida, lo llevo tatuado en mi mente y en mi alma, cada línea pudiera dibujarla con los ojos cerrados, amo verte siempre, es tan hermoso llegar a casa, tú llenas e iluminas nuestro hogar que formaste con mi hermoso papá, ambos grandes seres humanos de una calidad humana impresionante, son excepcionales y quienes han tenido la dicha de conocerlos y convivir con ustedes lo dicen. Hija cuervo, sí, ya lo saben, amo presumirlos.

Mamita hermosa, Chela, como todos te dicen. ¡Agradezco a Dios infinitamente por haberte creado a través de mis abuelitos! Esa mamá tuya tan querida que te dio la vida, bendita tu vida, bendita Benita, (mamaíta, mi abuelita materna), agradezco a Dios por ser tu hija, mi alma se llena de gozo solamente al pensarte mamá. Y no te mentiré, a veces se me sale la lagrimita como ahora, será nostalgia, será miedo…

Ahora en el octavo y un poco más de tu amada vida, pienso y admiro que de esos ochenta y más, 60 años has pasado con papá, y conmigo unos 20 años, más el tiempo de convivencia, si los junto serán otros tantos, de los cuales tengo un registro en mi alma de ellos, unos muy felices, sobre todo en los nacimientos de mis hijas, que siempre agradeceré tu amor incondicional, mamá, para Verito, Andreíta y el pollo, tu pollo. Siempre estás, eres simplemente una maravillosa abuelita, tu gran amor por tu familia es infinito, qué alma de grande te dio Diosito.

MAMÁ: ahora solo de imaginar tu rostro sonrío, esa sonrisa es de agradecimiento por todos estos años maravillosos a tu lado. Saberte en casa, saber que si llamo contestas, si voy ahí estás siempre, con esa tranquilidad y paz del alma, aunque tu carácter siempre ha sido fuerte, lo manifiestas solo si es necesario. De ahí las ejemplares mujeres que has formado, incluidas mis hijas porque tienen también mucho de ti, cómo no, si siempre tenemos la bendición de que estés a nuestro lado. Aunque como se decía antes, segura estoy que la mitad de tus canas te las he sacado yo, pero ahora sé por qué, mamita, soy distinta, vine a este mundo a mover consciencias y acciones, a ayudar al prójimo a sanar, sanando yo misma primero. Sé que los sufrimientos que he vivido en la vida, tú los ha vivido también, perdón por ello, mamita. ¿Pero sabes? Era necesario pasar por todo ello, para mi misión de vida que amo, y ahora tú lo sabes también, y gracias por esa aceptación tan necesaria de los padres a los hijos.

Yo siempre he sido la diferente, la que ha roto todos los paradigmas de la familia, y a decir verdad amo la mujer que soy y que tengo tanto de ti, ahora lo noto más que nunca. Pero no te llego ni a los talones. Esa sabiduría tuya, esa prudencia, eres una devoradora de libros, uno por semana durante toda tu vida, así te recuerdo siempre y te recordaré en tu cama ya cuando te vas a descansar después de tus quehaceres que nunca se acaban, con un libro en la mano. Te amo tanto, madre mía.

El otro día escuché que decía Andreíta: abuelita, qué suave tienes tu piel, cuando tenía tus manitas entre las suyas. ¿Sabes, mamá? ¡Esas manos santas que han cocinado por 61 años (yo solo aguante 16)! ¡Sería justo ya jubilarte, no crees? ¡Qué aguante, madre! Gracias de verdad por tus ricas comidas. Esas manitas, son igualitas a las de mamaíta, tu madre. Se me viene el recuerdo de sus manos desgranando las granadas tan rojas que cortaba de su bello y entrañable jardín, ahora tú lo haces igual, vuelvo a ver la misma imagen, pero ahora con tus manos a su edad.

Mamá: gracias por cuidar siempre de mi papá, si está aún con nosotros es gracias a Dios y a tus cuidados, a tu paciencia, y a tu amor por él. Gracias porque esas cansadas y maravillosas manos curaron a mi papa día a día de sus heridas. La doctora Claudia Luna lo dijo: felicítenme a la enfermera que ha cuidado maravillosamente las heridas. Ahora gracias a las dos mi papá está aún más guapo que nunca. No te chivees papá ( jaja, hermoso, te amamos) gracias a Dios por sus vidas , por su salud.

Mamá: cada día que pasa te admiro más, te agradezco más, te entiendo más, y te amo más y más, mi amor por ti y el amor que te tienen mis hijas es infinito.

A todas las mamás que me hacen favor de leerme, a las mamás anónimas, las mamás que tuvieron que abandonar a un hijo, a las amadas tías que han sido mamás de sus sobrinos. Les agradezco y las reconozco, solo Dios sabe qué hay en el alma y mente de una madre, ese privilegio que le ha sido negado a muchas mujeres que sueñan con ser madres, solo tú, Señor, sabes los planes para cada una. A las de ese gran corazón que han adoptado un niño o una niña, infinitas gracias y que Dios las lleve de su mano siempre.

Yo agradezco en el alma a Dios permitirme ser madre de tres hermosas y ejemplares mujeres, sin duda, lo mejor de mi vida, ese reto maravilloso del día a día, porque aún hay mamá para unos años más. Confío que así es.

Un abrazo y un beso para ti mamá, tu inquieta Vero, como me pusiste en una foto que me regalaste hace muchos años y que tengo celosamente guardada, me encanta. Feliz día, te amo.

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