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Coahuila

¡¡¡Vámonos!!!, el grito que terminó con un tren

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 4 años

Suave Patria: tu casa todavía es tan grande, que el tren va por la vía como aguinaldo de juguetería. Ramón López Velarde

Romántico trenecito que hacia recorrido entre Saltillo y Concepción del Oro echó su último viaje el 22 de junio de 1977. Concluía la pequeña empresa creada en 1893 para dar servicio de carga y pasaje, materia prima, trabajadores y familiares de la empresa Mazapil Coper Company Limited de capital inglés, fundada por el irlandés Guillermo Purcell.

La empresa ferroviaria absorbida por Ferrocarriles Nacionales de México, determinó dar por terminadas sus operaciones. Prácticamente ahí se inició la debacle que produjo desconcierto y el final del servicio de carga y pasaje en la República mexicana. Insensibles mandatarios decidieron acabar con un patrimonio muy nuestro sin consultar a la nación.

Ferronales decidió dar por terminado el servicio con una medida arbitraria y mugrona, como suele suceder en el Gobierno federal. Fueron muchas protestas, pero las manifestaciones fueron desoídas.

El Coahuililla tenía capacidad para 27 toneladas de minerales y para unas 100 personas. Fue el eje económico entre Concepción del Oro y los pueblos aledaños del estado de Zacatecas y Saltillo, donde no solo el mineral que se extraía de sus minas venía parar aquí, sino la derrama económica que su gente dejaba en la capital del estado.

Hacía un recorrido diario de ida y vuelta de 126 kilómetros, en aproximadamente cinco horas. Utilizaba tres locomotoras.

En 1965 se puso en servicio la carretera Saltillo-Zacatecas-Guadalajara. Esta vía de comunicación había sido un sueño largamente perseguido por el ingeniero Eulalio Gutiérrez Treviño, aún antes de que empezara a participar en la política. Ya el ferrocarril Coahuila y Zacatecas, único medio de comunicación entre ambas ciudades, enfrentaba problemas económicos que lo harían suspender operaciones.

Ferrocarril de vía angosta que se construyó en el último decenio del siglo 19. Iba a Concha del Oro y venía a Saltillo ininterrumpidamente. Era lento pero seguro. Saltillo era puerto provisor para varios miles de trabajadores mineros y sus familias, ya que el tren de carga salía diariamente, menos los domingos, con los carros tolva cargados de mineral ferroso, que se reexpedía luego a las fundiciones de San Luis Potosí, a Monterrey y a Torreón.

La sucesión de la Casa Purcell suspendió el funcionamiento del Coahuila y Zacatecas, alegando incosteabilidad en la operación. No dieron aviso al Gobierno federal como estaban obligados por la concesión y requisó la línea, e inició el procedimiento de caducidad.

Así terminó el largo historial de este memorable ferrocarril, que sirvió durante casi 80 años a dos poblaciones para su progreso industrial. Aquel triste 22 de junio el tren partió de Saltillo con las locomotoras 802 y 803 acopladas, rumbo a Concha del Oro, con los trabajadores del tren acompañados de música, recordando cada momento vivido.

El Coahuila y Zacatecas era un tren de vía corta, que viajaba a una velocidad promedio de 40 kilómetros por hora, realizaba dos recorridos diarios, el primero, a las 7 de la mañana de Saltillo a Concepción del Oro, a donde llegaba al mediodía, para partir nuevamente a la 1 de la tarde, con destino a la capital de Coahuila, a donde llegaba a las 6 de la tarde.

De aquel fantástico trenecito como aguinaldo de juguetería, -diría el poeta-, fueron rescatados dos vagones, uno está en el

Museo del Desierto y otro en el Archivo Municipal. Un carro ejecutivo fue robado y ubicado en un rancho cercano a Saltillo, propiedad de un empresario y político muy conocido, en donde se convirtió en un bar.

Una de las máquinas, la 279, una emblemática locomotora de vapor funcionaba en un cañaveral de Cuautla, Morelos y fue inmortalizada en el billete de 100 pesos emitido en el 2010.

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